
Tiene gracia de que seas tú la que me encuentre aquí. Bueno en realidad no tiene la más mínima gracia. Es tan jodidamente casual que me da asco, me da pena. Me siento en una de esas malditas americanadas, llenas de rubios de bote con enormes ojos azules que se creen que están en la auténtica mierda. ¿Entiendes? Yo te puedo explicar lo que es estar en la mierda, lo que es hundirse en ella, y salir a flote. Lo que es no poder respirar por las estupideces que tú no has cometido, pero que tienes que pagar. Pero todo eso da igual, porque cuando mis palabras se acaben, borrarás todo eso de tu mente, te irás tan tranquila a hacer tu preciosa vida. Sí, y haces bien. Te levantarás del suelo, queriendo olvidar a éste vagabundo idiota, y queriendo arrancar a toda fuerza sus palabras de tu cabeza. Y sonreirás creyendo que he exagerado todo esto. Pero no. Todo en mi vida va al revés, absolutamente todo, a veces podría jurar que he nacido así, o al menos esa es mi sensación. Odio a las personas que quiero, de verdad que las odio, no las soporto, pero no quiero que se vayan, me alejo de ellas, pero ellas deben estar ahí. Una y otra vez, lo que hago es perderme. Desviarme, por más caminos que me tracen o me obliguen a seguir. Soy incapaz de seguir una línea recta. Mi ebriedad se limita a momentos como este, en los que realmente creo que sé lo que digo.











