"Escribo porque sino lo hago el aire me falta. Hay algo dentro de mí que me impulsa a hacerlo, algo que me quita un poco de vida si me niego. No lo hago para que nadie me entienda, ni para que busquen semejanzas con sus vidas. Escribo porque es lo que mejor hago, y aún así lo hago mal. Lo hago porque mis dedos han aprendido a escribir palabras que mi alma tenía olvidadas. Escribo para saber qué siento y cuál es mi estado de ánimo. No lo hago para que me elogien, ni para que subrayen mis frases. No lo hago para sentirme bien, pero sí porque sino lo hago me siento peor. Escribo porque sino en mi cabeza las frases me acribillan. Escribo intentando marcar una pauta, un antes, un después, mi estilo. Empecé a hacerlo porque me faltaba leer algo que me reflejara casi del todo. Intento escribir algo que de verdad me gustaría leer, por eso soy mi crítica número uno. Escribo cosas constantemente, aunque no siempre tengo tantas que decir. Escribo para aplazar el dolor, o para recordarlo. Para enamorarme. Sonreír. Olvidar. Lo hago porque la realidad suele desagradarme. Escribo para dejar sobre un papel los detalles que otros suelen olvidar. Lo hago para entenderme a mí misma, para sentirme menos incomprendida.

Escribo porque a mis canciones les falta un final.

Escribo para entender el significado de las palabras, aprender, lo hago para así algún día saber exactamente qué decir."

Sol.

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Me voy con el primer rayo de sol.” Le escuché decir. El primer rayo de sol-pensé- la primera muestra de vida, la primera caricia del día, y hacía tanto que no observaba todo eso. Me sentí terriblemente desgraciada. Últimamente había vivido en un frío constante, sin interés por nada, por ninguna clase de vida, o de cualquier cosa que pudiera hacerme compañía. Es como si en el momento que se fuera la lluvia, el cielo se hubiese girado y me hubiese dado la espalda, olvidándose completamente de mí. Y no tuve fuerzas para nada, cualquier estupidez fue buena para dar por válida la primera afirmación que escuchaba. Pero aquella no era una de esas que daría por buena, no quería que se fuera.

Mezclas.

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Sé que quizá aún mezclo sentimientos, estaré algo perdida. Nunca pensé que la estupidez rondara mis héroes. Sé que a veces cuando quiero ser algo encantadora la rabia me puede y casi intento matarte. Pero espero que entiendas que casi siempre es miedo, no soporto al tic tac constante y me entra el miedo a no expresarme del todo y guardar cosas, de esas que duelen y marcan. Sé que a veces cuando quiero regañarte acabo llenándote de besos. Pero es culpa del miedo también, a que te vayas y que lo único que te haya dado haya sido rabia. Algún día los dejaré de mezclar y cada cosa estará en su sitio, pero ten en cuenta que para entonces seré mucho más aburrida, y rutinaria. Y siempre haré las cosas cuando toquen, y te cansarás. Ten en cuenta estos riesgos antes de ponerte a quejar de esas cosas. Es mi manera de protegerme cuando no puedo quemar la nieve la derrito en mi piel.

tiempo.

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El tiempo extraviado de miradas lanzadas como puñales desviados, de un aprendiz. El desorientado despiste de un domingo en medio de la semana y sin ganas. Y no será hoy cuando aprenda a desolvidar, o cuando desaprenda a diferenciarte entre la multitud. Hogaño, la perversión de mis labios al encontrarte en un desliz. La confusión creada en el desenfreno que te toca en la maldad. Somos como ese aprendiz, y lanzamos pecados a doquier, que recaen sobre cualquiera. El vicio en tus vilezas palabras, escondido como esperando que lo pueda prever. Y quiero que sean estas palabras, por más duras que sean, las que me eleven a la culminación efímera de mis días, las que me corten y aún así hagan sentirme viva.

Musa

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Podría pasar la primavera entera hablando de los amores que no vi estrenar, de las imágenes que una mente inocente apenas supo trazar. O hablando del precio pagado por haber llegado tarde antes de que todo empezara, también del ruido constante en la sala impidiendo que viera mi propia historia con normalidad. Podría haber creído que sería sólo una cinta más, que acabaría y la giraría a seguir con lo demás. Haber creído que como las viejas películas se incendiarían al tener contacto con demasiado oxigeno. El que me sobró en los pulmones por no haber gritado tu nombre. Y hoy lo escribo, el relato de quien teme dejarse la historia. De quien teme vivir siempre la misma sinopsis, como si el tiempo no pasara, como si la oscuridad de esta sala me agarrara manteniéndome inmóvil, convirtiéndome en débil y no me dejara escapar. Transformándome en una crónica viva de una historia que olvidó su final. Y hoy lo escribo, como quien ve desde fuera su propio incidente y no puede callarse. En la mente la proyección de lo que el corazón prevé, esas locuras que una nunca llega a cometer. Soy la musa de esta historia, quien la cuenta aún sin creerla.

Tarde

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Ahora que la tarde cae a las seis y ni siquiera un café bien cargado es capaz de mantenerme totalmente despierta, pienso en ti. Como ceniza de un recuerdo sin piel. Sin la piel que olvidaste guardar a tu temperatura. Y me hiela la verdad que en tu mundo pudo ser construida, para mí. Sólo para que estuviera esperando una respuesta. Mandé señales de socorro durante meses, levantándome de un salto con el primer rayo de luz, e yéndome a dormir cuando la madrugada, ya sin habla, me echaba.

Confesiones

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Confieso que quizá nunca he tenido pinta de típica princesa de cuento, tampoco he aspirado a convertirme en una pierde zapatos, mucho menos he pensado en dormir cien años, no he creído apropiado entregar mi voz pero sí mis palabras, no me he visto capaz de luchar, ni de enamorarme otra vez de un Peter Pan. Pero sí he creído estar envenenada y he esperado un beso como salvación. Confieso que nunca supe exactamente las coordenadas de un corazón, para buscarlo después de todo, y no perderme mientras le pierdo. Tampoco he aspirado a convertirme en algo más que la antiheroina de la historia, no nací para perder cosas y aun así parece que me paso la vida buscándolas. Confieso que nunca pensé estar aquí, pero la vida te induce a seguir sus caminos, los que nunca creíste que podías conocer, acabas robando zapatos a niñitas perdidas que sin saber te robaron el príncipe, o acabas dejando que el teléfono suene si es Peter Pan.

arrastrarse

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"Si te arrastras como gusano, no te quejes si te pisan"

Ciudad del viento

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A veces la ciudad del viento me golpea la cara. Me entristece sin mirarme, y de espaldas a mí la escucho. La escucho rugir, escucho sus miedos y le temo. Ciudad del viento, huracanes en cada esquina, pequeños tornados en sus ojos, remolinos en su consciencia. Una ciudad perdida, mi ciudad, y cada vez que la veo la intuyo despedirse. Pero no soy quien para escuchar sus llantos, por eso huyo. Huyo cada vez que su cielo se ennegrece, y no vuelvo hasta que ha hecho las paces con su sol. No soy quien para ordenar sus vientos, y es ella quien me golpea. La ciudad que no entiende de frío, ella congela en vez de helar, y tampoco de calor, te abrasa. Te abrasa o te congela la mente y ya no puedes huir, ya no hay fuerzas. La ciudad del viento que un día escuché sufrir, de precipicios eran hechos sus hogares. Una vez escuché sus temores no supe seguir. Y temí su furia tanto que la guardé en mí. Heroica ciudad suicida, en tus latidos están casi todos los momentos de mi vida. A veces la ciudad del viento me susurra cosas, y no la entiendo.

siento

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Lo siento por ser un canto a la melancolía, y otras veces por ser tan y tan fría. Por hablar de amor entre líneas inventándome otra manera de sentir. Lo siento por aspirar más que al mismísimo cielo, a veces me olvido el límite, me olvido que estoy humanamente limitada por palabras. También por a veces sentir al revés y odiar a quien amo, con todas las fuerzas. Lo siento por hablarte tanto del frío, pero no del que hace por las noches. Siento que a veces no hable y otras me despierte a gritos. Ser otra cada noche, sin buscarte. Lo siento por contarte tus secretos y que te sorprendas al saberlos. Siento mi mirada, y también estar tan desviada de un solo camino. Por ser tan torpe al buscarte. Lo siento por no saber declararme ni despedirme, que mis suspiros se coman mis dichos. Siento romperte siempre la voz, y también mis destrozos. Olvidarme siempre de qué día es mañana, o que existe un futuro. Siento necesitar dolor para creer en mi vida. Siento ser una pequeña luna perdida, y que tengas que encontrarme. Ser tan olvidable. Siento la brevedad sin mis ladridos. Dejarte sin cuento. Siento no ser nunca la misma cada vez que vuelves. Ser tan diminuta a mis ojos, ser tan carente a los otros. Siento no estar nunca en órbita y perderme tus vicios. Y a veces no lo siento, porque piensa que esto es lo único que tengo de mí.

gritArte.

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Hoy me levanté y tuve ganas de leerte, de leerte a gritos. Cualquiera de esas historias, o quizá ninguna de la que hayas oído hablar antes. Pero al segundo me di cuenta de que estaba en mi habitación, sentada en la cama, asustada aún por la manera que me había despertado. Y no sabes cuánta rabia sentí en ese momento. Como si el cielo cayera por la ventana o algo así. Me sentí tan fuerte y con tantas ganas de gritarte, que olvidé que estaba asustada. Entonces decidí acostarme otra vez, ya que no estás, ya que no tengo ni la más remota idea de dónde puedes estar. Me escondí bajo las sábanas, como una idiota con ganas de gritar(te). Y grité, grité en silencio desgarrándome, con los ojos cerrados. Hasta que noté que el corazón se me paraba, y lo busqué. Pero seguía allí, latiendo, tan inútil como había estado últimamente.

lost control

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El corazón se me encoge una y otra vez, y me da miedo. Demasiado silencio para que venga ese sonido ensordecedor de esa manera. La mayoría del tiempo a duras penas late con fuerza, pero en otras tengo la sensación de que desea escapar. Y no sé qué decirle ya. Es el maldito veneno, el que me induce a vivir. Todo lo contrario que en antaño. Ahora me coge por sorpresa, sin miedo, sin intención de hacer daño. Una y otra vez mi memoria borrosa, recordando cosas que pueden pasar. Y me estremezco por el poco control. Quién eres tú para quitarme tanto de mí en tan poco tiempo, para hacer que pierda el control, y sin ni siquiera molestarte. Quién eres tú para que mi mente te dé tanta importancia. O mejor dicho quién llegarás a ser.

rock

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El rock murió a tus pies, ante tus hechos y lleno de tus palabras. Lloró silencio noches seguidas, en las que por tus venas corría más que sangre. Y no te diste cuenta. Gritó a base de afonías agudas y no fuiste capaz de curarlo. Suplicó con el solo más profundo que te ha llegado a la piel. Esnifó cada una de tus quejas, sin replicar, sólo las retuvo con él durante el subidón. Y supo que su final estaba cerca en pleno directo, y en sus ojos nació la pena. Y con ella la voz en off que te rondó la cabeza hasta que la suprimiste con tragos. Se escondió intentando evitarlo, en lo más profundo de tu cabeza, por si eras capaz de olvidar y no matarlo. Pensando que algún día lo sacarías en forma de verso, de armonía, en forma del blues que pudo matar tus días. Murió solo, rodeado de gente que como tú sintió un vacío. Un vacío tardano que no pudo salvar, ni siquiera pudo entender. Murió en tus brazos, falto de la vida que prometiste dedicarle. Y ahora sin saber por qué te dedicas a escribir réquiems, llenos de miedo, y siempre sin finales, pero sigues echando en falta otro. Y él, él ni siquiera supo que murió por ti.

Ocaso

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Sol
El ocaso cae como una señal del fin. Las nubes se han vuelto casi rojas, y me abruman. Juegan con un rosa anaranjado que se niega a convertirse en sangre. Y ahora parecen haber caído en el olvido, pero es el viento quién las guía a saber qué horizontes. Y en la misma ventana, el color se apaga. Sólo las ramas, que pronto se convertirán en sombras, me recuerdan dónde estoy. Como cae la negrura en tan pocos momentos, y que pequeña me siento ahora. Nadie me dijo que el cielo era incapaz de hablar sin sus soles.

December

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Creo que sólo trago diciembre por su frío. Al menos sé que no será por su exceso de humanidad. Como se desiertan las calles, y no por eso se despiertan sus gentes. La rebelión de recuerdos mezclados, hechos un estrago. Un sol apagado, medio camino ya hecho, no será por sus regalos. Aunque es jodidamente fotogénico e ideal para la noche, es como si fuera eterna, ya me dirás qué tienen las noches. También inspira, y las letras brotan como rebozadas ya, en un charco de a saber qué decires. No calla, jamás calla. Y las campanas en su final, saben a querer más, y mejor. Y no sé cuánto habré perdonado a diciembre, pero siempre vuelve a caer.

That is awful beyond words.

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Siente el amargo sabor del silencio, seguido del más extraño desarraigo emocional sentido en pleno éxtasis. Con los pies sobre un mundo no humano, lleno de cosas desgraciadamente demasiado humanas como para dejar de ser reales. Un mundo plagado de viejos porqués que eclipsan los nuevos sin dejarlos tener lugar, sin nada , nada que suene a nuevo. Y llega la música, la verdadera, la que consigue que desprendas los pies del suelo por instantes, por toda la eternidad. Y suena tan fuerte que su mente le hace dudar, si alguna vez había sentido tan inmensidad. Y el corazón que late sin prejuicios, sin preocuparse, tan fuerte que parece que quiera tomar lugar en el ritmo. En sólo unos segundos la vuelta al mundo, a su mundo. La horizontal perfecta entre sus miedos y sus hazañas. La tristeza le recibe a latigazos, y en pocos instantes ni siquiera puede aguantarse la risa. La brevedad de sus sueños mezclada con la inmortalidad de esas notas. El desapego a cada una de sus pocas pertenencias y la despreocupación por todo lo que vendrá, antes de caer otra vez en el miedo a perder todo eso de lo que habla la canción, cuando apenas sabe si ya lo tiene o no. La mirada fría de una muerte que nunca disculpa, y al cambio de nota el calor del que quiere estar vivo. Y él quiere. Entiende que lo único que le ata del todo a esa humanidad es la música. El arte mejor resumido. El único capaz de matarte o darte la vida. Y se acaba, la vuelta al sosiego sin ninguna explicación, sólo un dolor en el pecho.

Ilusión

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Tu corazón puede latir a cierta velocidad constante, hasta que se acelera en pocos segundos por cualquier estupidez que tu cerebro no logra entender. Una sola señal que hace que un día nublado cambie y aparezca el arcoiris, sin ni siquiera necesidad de lluvia. Y los latidos que suenan a acordes repartidos en perfectos compases. Las obviedades del que no tiene nada que perder. Ilusionarse sin un fin, por si mismo, no para recordar sino para recordarse. El arte de creer y no controlar el significado de cada latido, y así descubrir, como si fuera algo totalmente nuevo, lo que esconde uno dentro. Lo que oculta a la luz de sus propios ojos, esa mentira disfrazada de miedo, y el saber lo que llega a doler sentirse solo. En esa ilusión que en fracción de segundos se convierte en un mundo, es la mano que invita a que te salves, que creas otra vez que volverás a sentirte así por alguna estupidez.

way

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Y yo que sé por qué hay tantos caminos, y parece que siempre esté de paso. Y es que hay más de mil destinos en cada esquina. Otras vidas que esperan, y cientos de destinos a los que debemos ignorar. Gritos, pedidos, dónde se supone que hay que empezar a mirar. Cruzo el río tras agua. Y esa estúpida sensación de culpabilidad por no haber crecido en los ochenta, que no hay besos que sepan calmar. Y no hay paz, ni tiroteo. Sólo voces que se omiten, que tiemblan por no creer. Y lo peor es que lo se escucha apenas dice nada. Ya estuve ahí, es más, estoy dispuesta a seguir, por eso siempre estoy de paso. Casi siempre cuando por alguien haces todo, te acabas convirtiendo en su escudo, ¿qué hay de todo lo demás? De todo lo que dicen apenas te das cuenta, y casi te engañan, si te fijas bien nunca es siempre. Por todo lo que crees, por lo jodidamente bonito que hace que creas, todo lo que hace que sigas, quizá hasta el fin. Recuerda que el cielo es sólo una promesa.

razón

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Que alguien detenga el amanecer o me haga dejar de querer convertirme en madrugadas.
No sé dónde perdí la razón, si es que alguna vez la he llevado encima, que cualquiera sepa encontrarla y que me la devuelva, antes de que me tachen de loca. Siento lástima por el suelo en el que piso y todo lo que vendrá después, y eso que ya me lo habían advertido. No sois dueños de la mitad de lo que creéis vuestro, y aún así hay demasiados dientes defendiendo el completo vacío. Y no sé porque soy justamente yo la que se cree propicia para reprochar a cientos lo que no escucha uno. Pero es que aún sin razón sé que no hay sentido en estamparse contra el muro como si fuera el único camino del laberinto. Que me devuelvan la razón, antes de que el reloj vuelque, se haga añicos y ya no pueda juntar la arena.

Hope

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¿Y quién era yo para negar que todo aquello ocurriera? Sólo era otro chico más, medio perdido y algo drogado un viernes por la noche. Y no tenía idea de cuánto me podía importar todo aquello. Era mi música, y mi musa. Ella al pie del escenario esperando que la noche acabara cuanto antes para poder echarme en cara que nunca estaba donde debía estar. Y creo que jamás deseé con tanta fuerza que la música no se detuviera. Pero es que no tenía ganas de nada, aunque creyera que estaba loco por ella. Todo me daba absolutamente igual, como cuando pierdes el rumbo y tienes un largo camino que hacer. Me sentía aturdido, y mi única fuerza era mi voz, pero la canción se acabaría y tenía que enfrentarme a ella. Bajé la vista y en sus ojos vi la verdad, y daba realmente igual que el resto del mundo fuera asqueroso, que al salir de allí nadie pudiera asegurarme que no recibiría un tiro en la nuca por no llevar dinero encima. El ser humano había dejado de importarme y me parecía realmente estúpido, cualquier insecto a su lado podía interesarme durante horas, pero no una palabra vacía. Pero ahí estaba ella, pese a los momentos malos que le había dedicado, a las horas en vano, a sus ruegos de que cambiara, pese a todo seguía allí, fue cuando entendí que lo que nos diferencia de otro animal es esa esperanza, esa fe en algún cambio aun teniendo todo en contra. Como si la magia de verdad existiera, respiramos los fracasos reservando aire por si viene la alegría. Y la canción se acabó, y sin esperar que abriera la boca, me fundí en ella, como nos fundimos en aquella noche.

She

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[…]Supe entonces que no había nada que fuera incapaz de hacer. Que mis años salteando las minas no habían ayudado en nada, y seguía tan llena de miedo que a veces aún dudaba qué me había llevado allí. Comprendí que mi corazón seguía latiendo debido a los momentos que no había desperdiciado. Pero era tan complicado seguir creyendo, después de tanto, lo que había luchado y lo que me quedaba por luchar. Y era mi propio cuerpo el que me contradecía, el polo opuesto a mis ganas de seguir viviendo. Durante semanas no hice más que mirar el techo completamente blanco del hospital, y la habitación, que se había convertido en sólo mía con el paso de los meses, marcos de fotos incluidos. Quizá creeréis que ya se me había ido la olla con tantos fármacos, o por el hecho de que me pasara más de la mitad del día medio drogada, pero fue allí que la vi. Vi mi propia muerte. Y se acercó como un jodido secreto, no había dolor en sus ojos, ni pena, pero tampoco se alegraba de verme. Me heló tanto la sangre que tuve miedo de haber parado de respirar, pero no, seguía allí, frente a ella. En un duelo inútil, en un pulso que antes de empezar ya elige ganador. Seguía incrédula y sin palabras. Vi en sus ojos todo lo que me perdería, y vi un mundo totalmente gris, la gente ya no creía en la palabra de nadie, las mofas sobre terrorismo en otra parte del mundo se habían incrementado, los políticos ya no se molestaban en maquillar la verdad simplemente la suprimían, y nadie hacía nada porque aquel era el pan de cada día. Me perdía un mundo sin chispa, ni flama, ni nada parecido. Sin ley. Y aún sin mediar palabra supe que no había nada que fuera incapaz de hacer. Entonces ella se fue. Mis dos semanas siguientes fueron sin duda lo más extraño que he podido vivir. Distinguía perfectamente quienes serían capaces de cambiar todo aquello, y quienes desde que habían nacido habían sido pura fachada. Pero no tenía voz, y no sabía cómo decirlo. Esperaba que en cualquier momento llegara, y que me dijera que había llegado el momento, que mi papel en la función no tenía un final predeterminado, y por eso salía de la obra por la puerta de atrás. Eso era lo único que sentía, no haberme curado antes, aunque había curado mi espíritu, entendí lo enferma que estaba mi mente, la gravedad de mis pensamientos, las lanzas que dispara en forma de palabras. Había entrado para curar mi cuerpo y había curado mi mente, me sentía llena, totalmente, sabía quién era y lo que era capaz de hacer por mis propios méritos, y eso llena cualquier vacio, por enorme que sea, elimina cualquier tristeza por eterna que parezca. Pero ella jamás volvió, hasta hoy.

Calma

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Hoy no tengo la intención de contarte mis penas, ni siquiera de decirte qué siento después de tanta tormenta. Llega el equilibrio buscado. Tarde o temprano, no quieres un sol de estrago tampoco una tormenta de las que marcan época. Quieres simplemente que llegue el otoño, y sus tardes, oh sus tardes. Que llegue con este sol que apenas te deja pensar, sol ante el cual deseas compañía, pero no la necesitas. Este sol que lo deja todo con un color naranja. Y las hojas marrones balanceándose como si fuera sólo por tus pasos. Se supone que es ese el equilibrio del cual me hablabas. Por el cual llegó la tormenta. Y cuando creo estar en él, justamente ahí dejas de importarme y todo me parece irónico. Como si me dijeras que te esperara en un sitio, y en el camino hasta él las hubiera pasado gordas, y ahora que llego no estás, y lo peor de todo es que sabías des del principio que nunca estarías.

Domingo

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Jude se despertó temprano, apenas pudo avistar en el reloj las seis de la mañana. Cada domingo la historia se repetía. Ella ni siquiera intentaba controlarlo. Algo le despertaba a gritos, al principio no supo qué y luego entendió que algo en su interior. Todo porque él dijo un maldito domingo. Y no volvió. Como si te preparan para recibir una gran hostia, y lo sabes, y vas aprendiendo como inhibir el dolor, o como hacer que la mejilla dejara de doler antes. Todo eso durante mucho tiempo y de golpe te la dan, y te das cuenta de que no sirve, ni que te avisen antes, ni que estés preparada. En el fondo esperas que no te la den, esperas nunca ver como una mano se acerca a tu mejilla, sin piedad sólo con fuerza. Y maldices los principios que empiezan mal y que llevan al buen final. Si acaba que más da que sea mal o bien, acabará y como una buena hostia al final te dejará de doler. Pero él le dijo que se verían el domingo. Ella dice a todos que ya no le espera, pero para sí misma recuerda que aún quedan muchos domingos. Y aunque le duela, le mantiene viva, le mantiene despierta que pueda volver un domingo. Y cada domingo se repite el mismo ritual, y no se queja jamás, se arregla y arregla la casa para él. Y es cuando se siente más guapa, y más viva. Pone su música, Led Zeppelin nunca había sonado tan melancólico. Cuando suena Rain song, es incapaz de mantenerse en pie, y cae rendida sobre el sofá. No es ella la que actúa, sino su parte luchadora, la que le acribilla la mente con la voz de él nada más despertarse, la que sigue protegiendo la chispa con una cortina muy fina, que el aire empieza a apartar. Es esa parte la que se derrumba. La que vuelve a prometer que ése es su último domingo.

Coartada

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Hace mucho tiempo que salgo de casa sin ninguna coartada, y con los bolsillos vacíos de pequeñas palabras. Salgo casi siempre sin tiempo, mirando de un lado a otro, como si tuviera qué esperar, o como si estuviera deseando volver. Y es que hay tanto que se pierde justamente ahí, en el punto al cual sabes que no volverás. Hay tanto que se disuelve nada más abrirse la puerta. He vuelvo aquí sin coartadas y sin tener cargada ninguna de mis defensas. He vuelto sin saber que mis pies se dirigían a mi terrible perdición, la de no hablar jamás en público de algo que pudiera dejarme sin voz. Y es que en estos últimos tiempos he intentado no pisar campos minados, y he evitado sacarte a la luz. Así en penumbra es más fácil que mi cuerpo se acostumbre a todo eso, que no sienta escalofríos al escalar tu nombre, y así aborrezca las veces que he tenido que convencerme a no pensar en ti. Pero que más da. Es bonito llegar aquí y tener todo eso que perder. Me he vuelto a atragantar, no soporto más esa manera de recordar. Que no salgan las palabras, que me tiemble la vista y apenas ser capaz dar sentencia. Demasiado débil para rendirme, y demasiado fuerte para perder. Hoy he vuelto a salir sin coartada.

Now

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De lo que de verdad tengo miedo, es de que vuelvas aquí y reclames tu parte en mi mente, y lo terriblemente vacía que me sentiría entonces. Miedo de que vuelvas y me recuerdes que mis latidos no siempre fueron en vano, de que trastoques cada recuerdo de pegatina. Miedo de que te creas invencible y te creas una orden en mí. De que vuelvas como quién vuelve en navidad esperando que la casa esté caliente y la cena hecha. De que recorras cada rincón del hogar esperando encontrar todo lo que dejaste en su sitio. Miedo de que creas que el “siempre” durará. De de que susurres cosas que ya no entiendo. De que des por hecho que estoy hecha para algo así. Miedo de tus palabras y aún más de tus silencios. Porque contigo no quiero guerra, ni quiero paz. Ni quiero levantarme cada día a tu lado sintiendo que eso es lo que quiero para el resto de mis días. No quiero llamarte cada día durante horas, ni tener siempre de qué hablar. No quiero ir siempre cogida de la mano, hace tiempo que aprendí a caminar sola. No quiero nada de eso, pero creo que te quiero aquí, conmigo, al menos un rato, al menos hoy. Y que decidamos entonces qué riendas toma la historia, cuántos obstáculos por pasar, o cuánto dura un sentimiento sin fecha de caducidad.

Creer

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He querido tocar el cielo, sentirlo lejos y bajar despacio. Sin haber salido siquiera, sé que ha dejado de llover, el sentimiento pervive en la mente y el resto es historia, y a veces escoria. Lo aprendido no siempre es lo vivido, sino también lo imaginado. Volveré a golpearte despacio y esta vez aprenderé a llamar sin timbre. Siéntete como un perro guardián de tus miedos, aún sabiendo que algún día los perderás. Todo esto me recuerda a algo y no sé bien a qué, sólo sé que parece que esta vez voy en dirección contraria. He querido plantar el viento, plasmar el aire, salir corriendo o morir despacio. Las partidas no se juegan, se viven. He volcado los recuerdos hasta el punto de no saber dónde va nada. Y se habla de la magia sin ni siquiera saber por qué. Yo te lo digo, se ansía el arte en propia piel, pero siempre se descuida serlo, y para serlo hay que creer.

No future

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Me desperté aturdida en el suelo de mi habitación, al lado de la puerta. Tardé como cinco minutos en poder moverme bien, todo estaba borroso. Sentía que ni respiraba. El suelo estaba completamente helado y aún llevaba puesta la chaqueta, los pantalones medios desabrochados y los zapatos de la noche anterior, seguramente ni me molesté en llegar a la cama, si es que he llegado aquí sola. Y en todo caso tampoco sé bien qué hice anoche. Cuando sientes un dolor antes de vivirlo, antes de que te queme la piel y todo eso ¿a quién se supone qué debes recurrir? Cómo explicas algo que aún no ha pasado pero que no deja de rondarte la cabeza, de estrujarte los pensamientos. Sin duda me desperté mucho peor de lo que había estado antes de irme dormir o de desmayarme en suelo. ¿Quién fue el maldito idiota qué dijo que mañana todo sería mejor? Éste no sabía de despedidas. Ni siquiera había salido nunca de sí mismo ¿cómo va a saberlo? Cuando una vez te has sentido así, tan pequeña, tan necesitada de alguien, luego es más fácil que algo te dañe. Que te lleguen muy hondo y que marque un territorio de nadie. Es cuando siempre parece que vaya a venir, y sin querer esa sonrisa se te clava en la cara, y parece que en cualquier momento vaya a venir y te vaya a abrazar. Que sentirás ese olor a mezcla de sudor y de colonia, mezcla de calor y de su olor. Parece que vayas a desaparecer en ese momento. Te preguntará si esperabas, y dirás que no, que estabas ahí sin saberlo, que siempre habías estado ahí sin tener la mínima idea de que en realidad estabas haciendo tiempo por si alguien se atrevía a asomar. Y te besa, te cierra los ojos y te hace un amor inacabado. Es cuando vuelves a casa con unos labios de resaca, irritados y con algo más de color, todo, exactamente todo sabe a echar de menos. Y es ahí cuando te meterías en cualquier lluvia, y hasta te atreverías a ganar batallas. Una vez te has sentido así, ya no hay excusas de mañanas mejores, ni de un futuro medio escogido, siempre vuelve la marea y tu pérdida de equilibrio. Todos en algún instante hemos sido fuertes y valientes, otras débiles y perdedores, pero siempre, siempre hemos tenido héroes. ¿Qué haces cuándo ese héroe se suicida delante tuyo? Rompe sus palabras, sus hazañas, sus principios y con ellos hace un final, de esos que callan. Y sí, se supone que deberías sentirte como un arcoiris después de la lluvia, pero te sientes terriblemente vacía, sin lluvias, ni arcoiris, ni recuerdos, ni días grises, ni soleados, sin besos, abrazos, palabras, principios y también sin finales, sin fin. Pero luego te levantas de ese suelo tan sucio, y te recoges a ti misma poco a poco, porque aunque no sabes por qué debes caminar, sabes que lo harás. Cierra los ojos, siéntete y camina. Como si por tu paso sonará todo a toda hostia el rock de tus mejores momentos, y amplia la sonrisa, porque la marea siempre vuelve y no la vamos a apartar. Supongo que fue eso lo que hice anoche, caminar y creerme una rockera, aunque no sabía que iba a perder el control. No voy a atacar a nadie con guitarras eléctricas, ni a lanzarme a que me cojan. Cuando mis piernas se coordinen del todo, me levantaré a tomarme un café de esos, que nunca sabrás que me gustan, y no sabrá a ayer, ni a nada que me traiga recuerdos.

V.O

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Pon mis sueños en versión original y dejarás de ver mi vida en silencio. A veces creo, sinceramente, que corremos hacía la nada, que el instinto es bastante transversal, y que caminamos bajo lupa con los ojos vendados. El quizá es el nunca de los cobardes, el plato fuerte de quienes no tienen palabras, carne de pura mentira o el eterno ámbar. No quiero detener el tiempo, ni escuchar lamentos por todo lo bailado. Dejas un resquicio en tu mente, y así es fácil que todo se vuelva tempestad. Hay días en que creo que lo he soñado todo, que la realidad es paralela a mi mentira, y que sólo ahora sabré qué pasa ahí dentro. No sé si no tengo subtitulos o si soy mala guionista, pero no se me entiende a la primera de cambio. Lo único que temo es que mis sentimientos siempre parezcan recién hechos, y no te los tomes enserio. No me voy a rendir si aún no sé luchar, no es que tenga nada en contra de quienes se echan atrás, pero no me gusta el quizá. No me voy a romper por cada beso dado al aire ni por cosas que no llego a entender, quizá lo haga cuando ya no pueda salvarme. Es hora de que sientas cada plato roto, de que camines sin camino, de que te vayas y vuelvas sin que me haya enterado. Da paso a las palabras, y cierra ya el maldito paréntesis. Respira hondo rompehadas, que el desenlace te puede no gustar.