lunes 25 de julio de 2011

Punto muerto

Silencio. Sólo se escucha nuestras respiraciones, como se aceleran mientras subo encima de ti. Y busco cada parte de tu cuerpo con mis manos, y las aprieto contra ti, como echándote y a la vez cogiéndome fuerte. Y aquí estamos, frente a frente, cargando con esos miedos y las pocas ilusiones que quedan tras la pendiente ascendiente que hemos pasado para llegar a este punto. Un punto muerto. Ni siquiera sabemos si partiremos, ¿cómo vamos a saber a dónde? Y coges mi cuello con tus manos, apretando fuerte por detrás, tirándome hacia ti. Y huyo, sin poder dejar de sonreír, huyo de tu boca, que se muera por buscarme. Dime, ¿adónde nos llevará todo esto? No pareces preocupado por ello, y mi mente matándome a preguntas, rodeando todos los puntos de partida posibles. Y tú tan sereno, sólo preocupado por morderme los labios.

lunes 9 de mayo de 2011

Amnesia

Me susurrabas esas frases amargas de los autores de la generación beat. Me mordías las orejas cuando no te escuchaba y volvías a susurrar frases amargas de los autores americanos de los cincuenta. Y pensábamos historias juntos, y creábamos mundos paralelos jugando con las posibilidades, hasta que se nos acabó la mecha. La chispa que nos unía cesó de golpe. Un día nos levantamos y nos miramos como extraños, desnudos en la misma cama. Nos miramos fijamente y nos acercamos hasta que nuestros cuerpos casi se tocaran, y con la inocencia de una criatura nos tocamos el uno al otro la cara, extrañados de que aquella cara no nos fuera familiar. Y bajé la mano por tu pecho y seguí sin sentir nada, hiciste lo mismo con mis senos, y ahí estábamos, dos desconocidos que no provocaban nada en el otro. Mi memoria se enfadaba al recordar esas frases amargas susurradas, porque no parecían propias de ella, era como una película proyectada por algún rincón de mi mente, una historia que no pertenecía a nadie y que un día surgió en una mente cualquiera, en mi mente. Nos mirábamos como dos amnésicos que parecen encontrarse por primera vez en su vida.Ni siquiera nos dijimos nada, supongo que los dos temíamos que la voz del otro hiriera como si de una lanza en el pecho se tratara.

lunes 3 de enero de 2011

v


Sé de tan pocas cosas que se me hace incluso vergonzoso ponerme a escribir sobre ellas. Pero si de algo sé bien, es de quienes prometen protegerte del más feroz huracán y que huyen corriendo, abandonándote, al principio de cualquier llovizna. Sé de quienes no se ahorran palabras a la hora de venderse bien, pero que luego se convierten en mudos cuando necesitas hacer una devolución. De quienes suspiran soñando, en las esquinas, con la luz del sol pero que no soportan tenerla encima. Sé de los que hablan de belleza buscándola dentro de sí mismos y ocultan que la podredumbre no es considerada arte.

viernes 12 de noviembre de 2010

1692

Mi corazón está alineado al tiempo. Y como el peor de los ateos sólo cree y se atreve a hablar amor cuando le aterra el miedo. Es como uno de esos silencios, el de antes y después de nuestras canciones. Se hace notar esquivando los baches, saltando los charcos, evitando el dolor y también cualquier gran momento. Aprendiz de un horrible amante creió querer vivir siempre sintiendo, presa fácil de cualquier lobo feroz. Y es difícil hacer entender que ya no quiero escuchar los finales de los cuentos y que en esta tierra de pobres y ciegos de espíritu él les gana sin saber amar.

martes 9 de noviembre de 2010

vivirme


El otoño en su forma más cruda, se presenta a mi piel. La sangre se hiela más en cada esquina de sombras. Y sonrío, como me hubiese gustado hace mucho. Ah, si hubieses querido vivirme, nunca hubiese aprendido de tantas tinieblas. Nunca hubiese aprendido a sobrevivir, ya que seguiría dando pasos en falso, como entonces cuando descubrí que tenía que entender todo como un ciego en un mundo en el que lo único visible fueran los sentimientos. Y hoy te tengo que decir gracias porque una vez me dijiste lo siento.

martes 7 de septiembre de 2010

Fronteras


Y siento que vienes, que vas, que me balanceas. Y te digo que ahora, que aquí y me calmas. Me coges de la mano y me dices que me tranquilice, que hay tiempo, que hay ganas, que espere. Y te digo que temo, que ahora es el momento, que no sé luego qué pasará. Y me dices que enfrente este miedo de frente. Que aguante plantándome a todas esas cicatrices que parecen bifurcarse hasta ahogarme, que las rompa con uñas y dientes, que no las aparte esta vez. Y me tocas, y me viene a la mente todos esos momentos, en los que parece que me vaya a romper, que me debilito, en los que mi cuerpo tiende a arder. Y te recuerdo que el tiempo me está consumiendo, y me miras diciendo que si no hay fronteras en la piel, que no deje que las haya en la mente.

miércoles 11 de agosto de 2010

Haces

Haces que me entren ganas de volar. De que nunca más me encuentren, de no estar nunca localizable. Ganas de perderme todos esos momentos incómodos que aún están por venir en mi vida. Evitar cada sonrisa que me obliguen a dar. Haces que me entren ganas de no aceptar nunca más ningún sueldo y decirles que no quiero que me paguen por vivir. Pero para eso me entrarán ganas antes de irme, lejos de aquí y lejos de cualquier parte, donde tú me encuentres sin que diga nada, no hará falta. Haces que me entren ganas de frenar el reloj, de impedir el paso del tiempo, de congelar mis momentos. Que quiera ir poco a poco y a la vez que sea imposible ir más rápido. Que mi corazón lata siempre como si fuera a pararse, que me falte el aire, que me sobre ganas de todo. Haces que me entren ganas de conocerte, es que hace mucho que no escribo a nadie, y me temo que esta vez tampoco.

Yo

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Digamos que me parezco a la palabra melancolía.

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