"Escribo porque sino lo hago el aire me falta. Hay algo dentro de mí que me impulsa a hacerlo, algo que me quita un poco de vida si me niego. No lo hago para que nadie me entienda, ni para que busquen semejanzas con sus vidas. Escribo porque es lo que mejor hago, y aún así lo hago mal. Lo hago porque mis dedos han aprendido a escribir palabras que mi alma tenía olvidadas. Escribo para saber qué siento y cuál es mi estado de ánimo. No lo hago para que me elogien, ni para que subrayen mis frases. No lo hago para sentirme bien, pero sí porque sino lo hago me siento peor. Escribo porque sino en mi cabeza las frases me acribillan. Escribo intentando marcar una pauta, un antes, un después, mi estilo. Empecé a hacerlo porque me faltaba leer algo que me reflejara casi del todo. Intento escribir algo que de verdad me gustaría leer, por eso soy mi crítica número uno. Escribo cosas constantemente, aunque no siempre tengo tantas que decir. Escribo para aplazar el dolor, o para recordarlo. Para enamorarme. Sonreír. Olvidar. Lo hago porque la realidad suele desagradarme. Escribo para dejar sobre un papel los detalles que otros suelen olvidar. Lo hago para entenderme a mí misma, para sentirme menos incomprendida.

Escribo porque a mis canciones les falta un final.

Escribo para entender el significado de las palabras, aprender, lo hago para así algún día saber exactamente qué decir."

Fuck it

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Tiene gracia de que seas tú la que me encuentre aquí. Bueno en realidad no tiene la más mínima gracia. Es tan jodidamente casual que me da asco, me da pena. Me siento en una de esas malditas americanadas, llenas de rubios de bote con enormes ojos azules que se creen que están en la auténtica mierda. ¿Entiendes? Yo te puedo explicar lo que es estar en la mierda, lo que es hundirse en ella, y salir a flote. Lo que es no poder respirar por las estupideces que tú no has cometido, pero que tienes que pagar. Pero todo eso da igual, porque cuando mis palabras se acaben, borrarás todo eso de tu mente, te irás tan tranquila a hacer tu preciosa vida. Sí, y haces bien. Te levantarás del suelo, queriendo olvidar a éste vagabundo idiota, y queriendo arrancar a toda fuerza sus palabras de tu cabeza. Y sonreirás creyendo que he exagerado todo esto. Pero no. Todo en mi vida va al revés, absolutamente todo, a veces podría jurar que he nacido así, o al menos esa es mi sensación. Odio a las personas que quiero, de verdad que las odio, no las soporto, pero no quiero que se vayan, me alejo de ellas, pero ellas deben estar ahí. Una y otra vez, lo que hago es perderme. Desviarme, por más caminos que me tracen o me obliguen a seguir. Soy incapaz de seguir una línea recta. Mi ebriedad se limita a momentos como este, en los que realmente creo que sé lo que digo.

Tantas veces la vida

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Has perdido tantas veces que una más ya no importa,
como tampoco importan, a poco que lo pienses,
otras que pronto llegarás a aguantar.
Te tienen sin cuidado los saldos cotidianos,
los juzgados de guardia y el papel timbrado,
las pilas alcalinas y los jóvenes yupis
porque sabes que pronto volverás a perder.
Eres esa mujer que acepta, en silencio, aquietada,
el duro golpe helado del rapto de su flor,
-muerto el disfraz ajado de su belleza ayer-.
Eres el hombre hastiado en el húmedo parque
que mira en soliloquio fugaz atardecer
cuando las canas pueblan la pensante testuz,
y la ciudad perdida, a lo lejos, vomita
colillas machacadas y fuentes de cristal.
Te tienen derrotado los ecos de la noche
la noctámbula voz de las sirenas
las canciones de sal,
y ese lento vacío de las conversaciones.
Te han vencido las líneas de otro amanecer
al confundir los rostros de los que van y vienen
-nunca sabrás muy bien-.
Estaciones de metro y garajes vacíos
te recuerdan que añoras volver a la niñez.
Te arruinan los bares, los kioscos de prensa,
la marca de las cosas y el último autobús
-ese que nunca llega-.
Te soterran las prisas, las angustias mortales
y las salas de espera, el cansino existir
cuando ya nada importa y ya a nada sabe
el hecho de vivir.

(Tantas veces la vida, de Francisco M. Ortega Palomares)

Antiheroina

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Me convierto en una antiheroína, de las que no amas, sin apenas hacer ruido. Y en la memoria todavía conservo el recuerdo de la última vez que me podaron el corazón. Cuando no quiero en pensar en ello, le soplo palabras al viento, latente en esta parte de la historia. Y el que es capaz de contradecirme es el único que se calla. Casi casi amanece pero el sol luce a doquier. Nunca me contaste que llega un momento en el que no deseas ser fuerte, sino en el que necesitas no ser débil.

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Y ni siquiera sé por qué sigo así, tan alejada de algo concreto, tan aferrada al mismo polvo. Cenizas en el suelo a las que intento atarme. Y los días así no son más que eso, cenizas totalmente destrozadas, si es que pueden estar así. Y mi grito de comerme el mundo se gira de golpe y me dice que me comerá. Y me siento distinta, flotando lejos de tener ninguna gravedad capaz de afincarme. Y las lágrimas son puro polvo, por eso ya no brotan. Y estoy preparada para luchar sin defensas. El silencio hace que este cielo tema a los truenos, y que la tierra no impida los temblores. Nada se echa a perder, lo complicado es volver a explicarlo. Y me viene a la mente la razón más simple, compleja, distorsionada, adecuada, tonta, que pueda haber. Tú. No porque hayas conquistado fronteras y hayas plantado algo en mí. Tus raíces son incapaces de mantenerse en una arena tan inestable. Tampoco porque hayas dicho cosas nuevas, has repetido lo mismo, has dicho exactamente lo que quería oír, incluso menos. No porque hayas trazado caminos distintos ni hayas inventado una manera de sentir. Tampoco porque me pagaras los helados, o me invitaras a dormir. No porque me hayas compuesto canciones ni hayas memorizado uno de mis poemas. Tú sólo por el hecho de que entendías mi tristeza. Y la gravedad se ha disuelto. Y creo haber entendido que desilusionarse es algo así como caer a la velocidad de la luz, no caer en pozos, ni en fuentes llenas de monedas, ni en charcos, ni en agujeros gigantes, simplemente caer y no saber hacia dónde te diriges. Pero mientras una cae, levanta la cabeza para intentar memorizar los pasos para volver a subir. Y le confunden los vientos, y las mareas absurdas, le confunden las nunca despedidas y los rayos a medio caer. Hasta que en un momento dejas de caer, simplemente eso, y empiezas a flotar. Y ves un mundo distinto, centenares de cosas y personas a la que aferrarte, cada una con su toque especial, pero no te apetece.

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No toques el teléfono, susurra a la puerta para que se cierre de una vez. Sube la persiana, deja que la luz nos invada, pero no te lleves mi voz.

No dejes ninguna prenda por la habitación, no quiero que tu olor me impida estar lúcida. Y mientras te arroje palabras, no escupas silencios.

Cuando te vayas, no olvides no despedirte. Y que ni se te ocurra trocarme la suerte. Recuerda lo baratos que estaban tus besos, y que aquello no fue culpa del azar
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No apagues la sonrisa que nuestra historia no será fácil. No jadees las miradas que te tengo guardadas. Historias como estas no se cuentan en los bares, no se cuentan en campamentos de verano, ni tampoco en las películas que suelen estar en estreno. Todo lo complicado se remite a un final con sonrisas y a un siempre sabor amargo. Aquí sonreímos mientras el sol sigue en pie, lloramos y ni sabemos porqué. Queremos desesperadamente a algo teniéndolo delante y sin fuerza para poder decirlo. Esas historias no se suelen contar. Tampoco sé si de verdad tiene alguna moraleja. Sólo sé que nos levantamos siempre a la misma hora, si no lo hacemos perdemos el café, y los buenos días. Cogemos el primer tren directo a la rutina, sin paradas por favor, no quisiera marearme. Almorzamos el teléfono sonando con mensajes que dicen que aguantemos un poco más. Con sólo alzar la vista vemos a pasear delante nuestro a la rutina, que no se ha olvidado la monotonía en casa, qué va, pero hoy quiere ir de moderna. Las luces naturales se apagan como diciendo vete preparando que te toca marcharte. Y nos vamos sonriendo, aunque nos pese cada parte de nuestro cuerpo de manera distinta. Aguantamos el equilibrio hasta llegar a casa. Y aquí no hay rutina que nos ejerza de jefa. Sólo nuestras sonrisas, nuestros abrazos y las ganas de no acabar aún con esta historia. No queremos finales felices, si llega al final que más da que sea triste. Queremos que no nos cueste un céntimo llegar a la cama y recibir un beso, que no nos cueste levantarnos a media noche y que nos falte un trozo de manta por que el otro tenga frío. Que no nos cueste jamás escribirnos en los posits cuanto deseamos que llegue nuestro momento. Y aunque decaiga la intensidad, es normal, no somos invencibles. Somos efímeros. Y no queremos perdices.

Un final

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El fin del mundo no es nada de otro mundo ¿Sabes? Suena irónico, ya lo sé. Pero es que es sólo eso, una travesía más. Es como un cruce, caminos distintos, pero que nos llevan al mismo desenlace. Es simple. Con el tiempo aprendes la cantidad de cosas que son simples, y que las complicamos porque lo fácil cansa, y lo simple parece aburrido. A nadie le gusta aburrirse o cansarse, y no valen mentiras. Y al final ya da igual cuantas veces te quejes porque algo sea difícil cuando tú mismo lo has complicado, así que si es simple o fácil déjalo. Camina hasta el final como si tuvieras abajo un precipicio, que son todas las opiniones ajenas, las voces sordas que intentan desencaminarte, y tienes que caminar sobre una especie de puente, muy estrecho. Y te tambaleas y a veces crees perder el equilibrio, tu equilibrio es tu instinto, mientras lo sigas no habrá nadie capaz de desequilibrarte. Y avanzas, pero en este puente hay una niebla espesa, son todos los planes que tienes en mente pero que al final no sabes si los realizarás, y sólo te queda caerte y quedarte en el camino como otros, el camino más fácil, o seguir hacia la niebla. Lo único que diferencia un camino u otro es ese puente, lo fácil, lo simple, lo aburrido o lo cansino, el final es el mismo, y ese ya lo conoces.

O céu cai

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O céu cai no meio do meu quarto
eu sigo sem fala.
Não sei o que passa aí fora,
se respiram os piores dias da historia.

Meu sentimento parece que se há quebrantado.
Só quero pensar no que ainda não ocorreu,
não posso me comparar com ninguém
tenho medo até de ganhar.

Sempre começa da mesma maneira,
não quero que você considere esta a sua canção.
Meus passos seguem em outra direção
e o único tangível é que o céu já não está azul.

Uma voz que sempre teve algo que dizer,
espero que você me lembre assim.

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Allá al fondo está la muerte, pero no tenga miedo. Sujete el reloj con una mano, tome con dos dedos la llave de la cuerda, remóntela suavemente. Ahora se abre otro plazo, los árboles despliegan sus hojas, las barcas corren regatas, el tiempo como un abanico se va llenando de sí mismo y de él brotan el aire, las brisas de la tierra, la sombra de una mujer, el perfume del pan. ¿Qué más quiere, qué más quiere? Atelo pronto a su muñeca, déjelo latir en libertad, imítelo anhelante. El miedo herrumbra las áncoras, cada cosa que pudo alcanzarse y fue olvidada va corroyendo las venas del reloj, gangrenando la fría sangre de sus rubíes. Y allá en el fondo está la muerte si no corremos y llegamos antes y comprendemos que ya no importa.

Julio Cortázar

Pasos

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No dudaría en seguirte los pasos, si eso supusiera en mí, desventuradas sonrisas.
Hace un tiempo, que mis sonrisas demuestran más mi extrema sensibilidad, antes de significar felicidad.

Me contaron que las mentiras dejaron de suponer el descuido de una verdad. Salían a las calles mentirosos siguiendo un compás desconocido, respondiendo mecánicamente a los escalofríos. Y hay centenares de cosas que quisiera decir, pero todas y cada una de ellas son verdades, y las temo. Lo tanto que un día callé, hoy golpea mi mente sin ninguna compasión. Y si irme sin más no se me diera tan bien, habría cumplido la lista invisible que emerge en mi cajón. Lograron convertir mis días en precipicios, de los cuáles supe huir, desconociendo mi paradero. Un precipicio no podía significar un final. Y no sé si fue porque huí, pero los días sin magia son los peores en mis recuerdos. Todo parece haber cogido otro pulso, enmendando las palabras no recicladas. Me contaron también que los miedos compartidos, son más fáciles de llevar.

Piedras

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Habló sin parar durante una hora y media. A veces creía que no tenía la mínima noción de lo que decía, hablaba tan rápido que dudaba que pudiera tragar saliva de una manera normal. Se perdió del tema un par de veces, como mínimo, pero supo reencontrarlo. Habló de una piedra, de una maldita piedra. Que no lloraba, ni gritaba, no reía, no sentía, ¿Cómo diantres podría hacerlo? Es sólo una jodida piedra. Dijo que nunca sería piedra. Y de pronto empezó a hablar del dolor. No de un dolor normal, ni del que todos tenemos guardado, y que a veces sacamos por inercia. Habló del dolor que te pilla de imprevisto, como una ola que no esperas, como una llamada cuando estás a punto de irte. El dolor que suele dejarte sin fuerzas, que no es más que un buen golpe bajo. El que aparece cuando tropezamos y cerramos los ojos como señal de daño. Y aparece cuando estamos tan seguros de la certeza de nuestros pasos, cuando caminamos pisando fuerte. Que abofetea cuando te duele la cara de sonreír. Que se convierte en granizo en un día sin sol. Habló de ese dolor, de la clase de dolor que no puedo soportar, ni siquiera cuando lo escucho. Inquirió sobre mis sensaciones. Y me noqueó. No supe encontrar nada que encajara. Me enmudeció sin pesar. Y siguió como si nada, no era más que una espectadora, ni siquiera me encontraba en las primeras filas. Habló de distancia, para mí, desde la distancia ya que no pude seguir escuchándolo. Deseé ser una estúpida piedra.

Cielo

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La ciudad era considerada el punto cero. Donde empezaba su día a las seis de la mañana, y donde, por supuesto, acababan sus noches. Juraría que era totalmente incapaz de recordar si estaba en Santiago o en Praga. Su control sobre sí misma, algo que se veía de lejos, no lo controlaba. Recuerdo que me mencionó que el cielo todavía seguía soltero. No lo entendí hasta años después. Tenía veinte años y un miedo descontrolado a estar realmente sola. Norah me explicó las veces que no podía dormir y ni siquiera sabía por qué.

El miedo le congelaba, le paraba de tal manera que era incapaz siquiera de levantar la mano y encender la luz al lado de su colchón. En plena oscuridad, se quedaba en la cama con los ojos abiertos mirando la negrura. Lo único que se diferenciaba de aquella penumbra era la luz de la televisión parpadeando, al final del cuarto. Y a veces se hablaba a sí misma, pero eso lo consideraba una locura, se hablaba para intentar entender qué le pasaba. Era incapaz de dormir al lado de alguien. Sentía vergüenza ante la idea de despertarse en plena noche y que el tener otra persona al lado le paralizara aún más.

Mientras me lo explicaba se reía. Comprendí la risa de una persona rota. Me dijo que jamás había estado una noche entera con ningún chico, siempre lo expulsaba de su apartamento a media madrugada. Y que luego era imposible que le volvieran a llamar. Le dije que tratara de buscar a un experto. Norah se negaba completamente. “Hay cosas que esos locos son incapaces de comprender.” Mentiría si dijera que no pensé que aquel miedo hasta le gustaba. Llevaba tanto tiempo con él, que era incapaz de decirle que se marchara. Lo que más me sorprendió fue que no había sido capaz de explicar todo aquello a nadie. Y a mí sí, y apenas nos conocíamos. Llevaba dos días en la ciudad, y la había conocido porque se había chocado conmigo y me había estropeado una entrevista de trabajo. Al día siguiente estaba en la última mesa del bar de la estación, cogería un tren a las seis y media de la mañana. Tenía pensado pasar la noche allí solo. Hasta que Norah me propuso ir a dormir con ella, tenía que probarlo que podía dormir con alguien y si era conmigo mejor, ya que no nos volveríamos a ver, y en parte ya entendía su miedo. Dudé en aceptarlo. Al final dije que sí, tampoco tenía ganas de estar toda la noche solo. Su apartamento estaba en una de las principales calles de la ciudad, su punto cero. No tenía cama, un colchón en el suelo al lado de una pared totalmente blanca, las ventanas eran muy altas. Persianas negras, a un lado de la pared. Pocos muebles, los suficientes para una chica como ella, pensé. Pasadas las dos de la mañana, me encontré con su mano apretujando la mía, pero no dije nada, me hice el dormido. Hasta que la apretaba cada vez con más fuerza. Exclamé un ¡Ay! Automático y se rió. Buscó mis labios, hasta que los encontró. Me dije que estaba completamente loco en el apartamento de una chica que acababa de conocer en una ciudad extraña. Creo que lloró en algún momento, pero no me atreví a decir nada. Luego empezó a hablar, ni me acuerdo de qué. Y estuvimos así hasta que el despertador cumplió su función de recordarnos que había un mundo ahí fuera. Me acompañó a la estación y se las ingenió para acompañarme también al andén. Sólo quería un beso más, y seguir apretándome la mano. No sé cuánto duró aquel beso, ni me importó que estuviera a punto de perder el tren. No nos dijimos nada. Hasta que al final me gritó que el cielo todavía está soltero.

Normas

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A veces lo peor que te puede pasar es conseguir algo que deseas con fuerza, algo que ansías y no entiendes porqué no llega, algo por lo que has luchado, Empecé a temer los deseos. Y fue instantáneo, en mi mente unas palabras que escuché de pequeña “cuidado con lo que deseas, podrías conseguirlo”. Fue complicado que entendiera estas líneas, al menos de una manera tan desorbitada. Cuadrar en mi mente que algo que quería podía ser malo para mí. Prefería ignorarlo. Al fin y al cabo ¿cómo me voy a dañar a mí misma? No tiene lógica. Luego descubrí que existen más cosas con una lógica ausente que cosas que la tienen. Es difícil para mí hablar sobre mí, sin mezclar o sin hacer alusiones. Así que tampoco me hagáis mucho caso, intentaré ser breve, aunque ya me he desviado del tema. No tiene sentido que tema a los deseos, ya lo sé, creo que les tengo rabia. Es como si uno de ellos me hubiera puesto una zancadilla, y se hubiera quedado igual al verme caer. Aunque es una sensación idiota. De pequeña mi abuela me decía que cuando deseas algo con mucha fuerza y no lo obtienes , una de dos o no lo mereces o no lo necesitas. No sé si lo merecí, ni si lo necesitaba. Supongo que no pensé en qué consecuencias tendría. Así que si veis una estrella fugaz, u os hacen soplar una pestaña vuestra, no os fiéis demasiado de lo primero que se os ocurra. A veces los mejores asesinos disparan a sus propios pies.

rarezas

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Encontrarte con tus gustos musicales en sus palabras. Ver una película y una semana después darte cuenta de que ella habla de lo mismo. Y que entren unas ganas tremendas de quejarte, de rabiar, porque ella teóricamente es mejor que tú y aún así parece copiarte, y no verte en el derecho. Simplemente seguís caminos parecidos. Ella resalta en otro, en tu punto débil, y hasta parece que resalte en el que a ti se te da mejor, pero no, de momento ganas esta partida. Darte cuenta de que también es distinta. Y aunque le tengas esta rabia, es una rabia simpática. Y te sientes una inútil. Si le copiaras o te copiara no seriáis tan iguales. Maldita rana. Tienes más tiempo para recapacitar. Tienes un tiempo muerto del cual ella no dispone. Pero no tienes la mínima idea de lo que tienes que hacer en este tiempo. Y vuelven las dudas, y toda esta mierda. Y él. Él es ajeno. Él es gris. Ella parece brillar, pero su brillo deslumbra lejos, no soportarías tenerla cerca. Crees que la odiarías. Es más, estás segura. Y te das cuenta de que eres peor perdedora de lo que hubieses imaginado. 

Veintisiete

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A los veintisiete mi inspiración desapareció. En pleno combate. En medio de una lucha de palabras de la cual no se veía señal de un claro ganador. Despareció dejándome huérfano de un don, que hasta aquel entonces no supe, que era magistral. No me había sentido tan jodidamente atontado en mi vida. Y cualquier tipo de sensibilidad estaba al filo, y sabía que no aguantaría mucho. Decidí seguir sacando de mí cualquier indicio que pudiera llevarme a encontrarla. Dos meses en los cuales, comía tan poco que a veces dudaba de que siguiera existiendo, la cabeza me daba señales de que no aguantaría mucho más, pedía demasiado. Fumé como un auténtico cabrón, cartones enteros, cigarros que me consumían a mí, con desgana. Dos meses que me olvidé de quién era. Escribí sobre el sonido martillador que hacía la vecina de enfrente los domingos por la tarde, o cualquier día de la semana, siempre creí que debía de odiarme, escribí sobre mis planes de asesinato a dicha vecina, los cuales nunca cumplí. Sobre las luces amarillas de las calles antes de que amanezca, escribí sobre las farolas, me encantaban las farolas. Sobre los días, los segundos, sobre como intentaba atraparlos y lo inútil que siempre me sentí al no poder hacerlo, y me daba igual que el resto del mundo no pudiera, siempre piensas que a ti te saldrá bien. Malgasté tantas palabras como la maquina de escribir soportó. No me gustaba mi letra. Escribí sobre cientos de canciones, melosas, sádicas, transcendentales, eróticas, hasta que no supe entenderlas. Viví un diluvio que tenía como banda sonora a Bob Dylan, siempre quise hacerlo, y a falta de un sonido digno, me puse a canturrear Forever yong, como si de verdad le creyera. Creí y creé tantos principios como mi mente puede recordar. Hablé de las mañanas y de las ganas insaciables que tenía de no salvarme, de salvar a quienquiera de lo que fuera, pero de no moverme. Hablé de mis mayores miedos, me conocí más de lo que podía otra persona conocerse a si misma. Pasé días sin hablar, sin descansar, con un único objetivo en la mente. Me describí como el loco que perdió su locura. Sólo me apetecía quedarme y huir. Dos puntos opuestos de la misma balanza. Los ojos me pesaban la eternidad, no quise entender que la había perdido. Mi inspiración y su fecha de caducidad. Debo de ser el único idiota al que le ha timado la estúpida naturaleza.

No hay mañana

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Y este lunes como casi todos llega sin hacer ruido. Empieza con unas letras de Cortázar, otra vez, quizá para no desentonar más. Me recuerda que tengo que volver a escribirte, que esas horas son puro fruto de un adiós que salió mal. Y sin ni siquiera redactar una línea, me quedo aturdida, pensando en que si te intento escribir volveré a ayer. Y no hay mañana, o al menos debería ser así. El mañana absorbe la poca esperanza que queda hoy, la exprime al completo. ¿Cómo vamos a vivir pensando en qué hacer mañana? No conozco y nunca conoceré a nadie de la manera que me conozco a mí. Y sé que cada sorbo que doy parece acabar con el vaso, no sé de dónde sale todo lo demás. Hoy me levantaré y sin la necesidad de mediar palabra, dejaré claro por lo que lucho, y retomaré si hace falto lo que he intentado aplazar este tiempo. No hay mañana. Y si lo hay ya se verá.

Sin apostar

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No voy a hablar de tiempo perdido

latidos robados, o amores a medio estrenar.

Sólo afirmaré que ya te lo dije

que como ves no suelo equivocarme

y ese tiempo gastado en mí

espero que no te salga caro.

Cualquiera desde fuera puede opinar,

cualquiera que no sepa de qué va todo.

En los sueños también sufrimos derrotas

te lo dije, y no me creías.

El reloj quema en silencio

y demuestra quién apostó errado.

El arte de no confiar

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Esas ideas, salidas de aquí o nacidas en la cabeza de cualquier otro, buscan un fin común, enseñar, deleitar, a los demás y al propio artista. Pensar en el arte como algo efímero, puede parecer de locos, pero no dudaría en calificarlo así. Y no sirve, lo que hacen muchos, intentar encerrarlo, como pájaro en una jaula, en la mente, que dependiendo de algunos casos es de tamaño insignificante. Debemos sacar tajada mientras está, pero nunca intentar que sea algo nuestro si no es así. Algunos nacen con esa suerte, la de no tener que forzar nada. Que expresar lo que sea, parezca y hasta sea algo fácil. Y hacerlo de una manera que resulte entendible. Porque al final en esto se basa, expresar algo profundo de la manera más fácil posible. Aunque lo fácil justamente sea lo contrario, centrarnos en una forma de reflejar lo que queremos, de una manera complicada, y no dudar en decir que no es entendido, cuando no se esfuerza para tal. En vez de ser totalmente humanizado, da la impresión de que sea todo lo contrario. Huye de aquellos que lo pretenden para sólo ganancias. Arte olvidado, principios encubiertos, palabras equivocadas al intentar definirlo. Avanzamos a pasos agigantados y aún hoy hay inútiles capaces de despreciar por el hecho de no conocer. Duda de aquel que no vacila en enseñar lo suyo, esa misma confianza lo destruirá. Reniega lo corriente, que todos nos centremos en decir lo mismo del mismo modo, no tiene sentido. La inspiración es caprichosa, rastrera y sobretodo muy arisca. Los que hablan demasiado de un tema, se sienten faltos del mismo. Y aquí el saber de más sí marca la diferencia, sin embargo, no siempre juega a favor.

No sé que hubiera hecho sin odio o sin rabia. El odio es incluso más perfecto que el amor, impulsa más, revienta y no duda en hacerlo. Uno no se puede negar a sentirlo, no me hubiera movido de haberlo hecho.

Esperar

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Esperaré hasta que sepas quién eres. Hasta que te levantes un día, y te des cuenta de que no sólo soy la que te ametrallaba a palabras. Que es totalmente normal que me emocionara tanto con tus mensajes, y que no parara de sonreír. Esperaré hasta que sientes la cabeza. Que te decidas entre yo y mis fallos, y espero de verdad que sepas elegir. Esperaré hasta que los amaneceres vuelvan a tener sentido no teniéndote al lado. Hasta entonces no olvides mi nombre, ni mi manera de besar. No olvides tampoco, que sonreía antes de conocerte, y lo haré después de ti. Partiendo de la idea de que conoces mi miedo al tiempo, deberías, sólo deberías pensar que no tengo demasiada paciencia. Pero te esperaré hasta que otro entre perfectamente en estas líneas, como si fueran hechas para él. Hasta que el pensar en esto como una historia acabada empiece a tener sentido. Lo haré, no por ti, sino por mí. Porque me conozco y sigo levantándome contigo en la cabeza. Y sé que si por mí fuera, nada más verte me tiraría a tus brazos olvidando todo lo demás. Y no lo tacharía de fallo, ni así. Si por mí fuera, tu voz seguiría siendo algo mío. Pero no es sólo por mí, no decido. Te esperaré hasta que sepa quién eres, hasta entonces no te molestes en recordarme quién soy sin ti.

Untitled

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Me siento muy frustrada ¿sabes?

Hace días que hago lo posible y no consigo, nada de nada, ni siquiera una lágrima. No sé como sentirme. Es totalmente inefable. Es totalmente decepcionante. No conozco a nadie al cual le haya pasado, al menos de tal magnitud. Ni cortando cebollas. Nada. No tienes ni idea de la cantidad de canciones cursis que me he tragado en tan pocas horas. Ni de finales de pelis que hacen llorar a todos. Oh, me pone aún de peor humor. Estoy que no puedo más, acabaré matando a alguien. Se supone que todos debemos llorar ¿no? Es algo así como un derecho vamos. Oh dios, que asquerosamente egoísta suena. No me refiero a derecho de derecho, sino que es algo totalmente nuestro que no se nos puede quitar. ¿Entiendes? Algo así. Es peor sentirse así, no derramar lágrimas mientras tu cuerpo y tu cerebro no pueden aguantar más tanta presión. Me fallo. Es simple, mis ensayos fallidos hacen que tenga que plantearme qué coño me pasa. Malogro los sentidos, mi orientación. Es muy raro. Hay infinidad de personas fueras dispuestas a regalarme esas lágrimas que ansío y ellos tiran porqué sí. ¿Por qué la gente llora a la primera de cambio? ¿Por qué no se le da importancia? Algún día deseo que les pase eso, entonces aprenderán. La primera vez que me di cuenta de ello le resté importancia. Cualquiera puede llorar. Cualquiera necesita llorar. Y yo soy una cualquiera, desearía serlo. Y me siento más fría, sin apetito, sin deseo sexual, fría y envuelta en un caos. En un interior desordenado. ¡Malditos sean! Todos y ninguno. Es necesario que maldiga a alguien. Y yo me siento ese alguien esta vez. Sería necesario también que me aguarán las expectativas. Que me desilusionaran otra vez. O todo lo contrario, que me hicieran tan feliz que no pudiera contenerme. Entonces sé que lloraría, otra vez. Como cuando te leí, o como en cualquier otra ocasión guardada aquí. Y ojalá no me haga falta que me fallen. Y tengo cientos de dudas, y me explota este caos, y vuelvo de principio a final cada x minutos. Cosas como si un día cualquiera abrieras la puerta de casa anunciando que no volverían a verte en un tiempo. Fueras al grupo de idiotas que suelen sentarte delante tuyo y no supieras aguantarte esta vez y vomitarás todas esas estupideces que te rondan la cabeza con ellos delante. Qué te dirían si se despiertan de un sueño y no estás ahí. Qué dirían al saberse sin ti. Me gustaría saberlo. ¿Qué diantres dirían?

¿Cómo me vas a creer si ni siquiera me siento sola sin ti?

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Será lo último que te escriba y lo último que escriba en un buen tiempo aquí.

No sé si me lees, no sé si le/la lees, aquí no sé si recurrir al leísmo o al laísmo, si lo haces habrás comprobado las tantas diferencias que existen entre nosotras. Perseguimos algo distinto y a la vez nos morimos en casi todas las dudas. Sabes que odio las comparaciones, y sino lo sabes,ahora sí. Hace tiempo que me dicen algo de lo que escribo y les ignoro por completo, que me sueltan piropos buenos o malos y me da exactamente igual, porque aunque no quiera de la única boca que me gustaría escuchar esas cosas es de la tuya. Y es una mierda. Ya sé que esto podría ser considerado otra de mis rarezas y debería estar en el otro blog. Debería, pero acabar esta etapa me exige a mí misma decirme basta. Ni siquiera te sé querer. No sé qué cojones pasa. No me dejaste seguir, y creo que bloqueándome casi me sacas fuera del juego. Lo que me jode es haber creído, no en ti, sino en mí misma. Haber estado dispuesta a lanzarme. Y haberme caído antes de llegar a ningún precipicio,en una piedra tonta, haberme caído en ti. No sé en qué aplicar esa rabia, esa fuerza. Las letras están cargadas de sentimentalismo, y de cosas que a veces no siento. Pero que siguen dentro mío guardadas, no miento a nadie. Me miento a mí misma. Es que no entiendo nada, y no tengo lo que tendría que tener para hablar, para gritar y pedir explicaciones. No puedo con la idea de que soy yo el problema. De acuerdo, que siempre he sido distinta en ese sentido. En menos de un año me he entregado demasiado y eso me ha dejado casi sin defensas. Mi cuerpo me reclama que deje de tanta tontería. No sé. Es esa maldita manera lo que me ha dejado así. Me encantaría pillarte y soltarte toda esta mierda. O pillarlo a él. O no sé, a quién fuera. Pero no pasáis de espectadores. Lo bueno aún ha de venir. Lo dice mi maestro. No me dejaste enseñar nada. Conoces lo “normal” de mí. Y yo “normal” soy una mierda. De verdad. No sé cómo puedes encontrarte así. Yo tengo el control en las manos y al segundo no soy nadie. No sé como alguien puede tener tanta fe en sí misma y quererse tan poco. O al revés. Los altibajos tampoco nunca han sido una característica mía. Me siento segura de mí misma, capaz de sacarte de aquí. Pero el problema es que no sé si quiero. Eres una buena inspiración, pero él también lo es. No pido que nadie me entienda, no puede importarme menos que lo hagan o no. De esta manera el corazón se me encoge y yo me resigno. Te irás. Lo harás. Porque ya lo has hecho, y sólo existes en mí. Morirás en mí. No tendré pena en sacrificarte. Me mataste también, ojalá pudiera verte sufrir, ojalá pudiera cuidarte. Que estuviera a tus pies no significa que fuera para que me pisaras.

Y que camine mirando siempre arriba no significa que descuide mis pasos.


the lost art of murder

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No la tomes conmigo, no sé quien soy.

Espero que esté todo ahí. Al contado una a una las palabras que me debe. No tengo tiempo para contar, ahora. No tengo tiempo. Soy consciente, de hecho hace hace ya un tiempo que me he dado cuenta que de he vuelto a matar. Y quizá me convierta en esa clase de asesinos que nunca deja de matar. Una máquina, un mecanismo que no controla sus miembros, ni sus movimientos. No he querido hablar con nadie. La gente día a día también mata, pero es incapaz de perdonar a un asesino, y más si es tan joven. ¡Qué más da que sea joven! ¿Acaso si lo hace alguien mayor es menos delito? Matan sentimientos, miradas, sollozos, gritos, matan a otros, y se matan a si mismos, muchas veces. He decidido dejar de matarme, al menos mientras soy consciente. Así de fácil, me levanté un día y me dije, ya no. Y desde entonces hasta ahora no me había dado cuenta de que había matado. No es que me sienta mejor matando a otros, simplemente no me siento tan mal. Luego lo escribo, y queda mejor, hasta puedo convertirme en una heroína. La muerte contada así, se acerca a la lírica. El arte de matar, o el arte de morir, también. Muchos hablan y hablan de que son asesinos cuando lo máximo que se acercan es que matan al tiempo, y el tiempo antes de morir acaba con ellos. Acabar no en el sentido de aniquilar, las palabras confunden. Mi última víctima, el cielo siempre fue nuestro. Arruiné sus esperanzas y eso es lo único que le quedaba. Me vengué en él, de otros. Pero soy tan mala como homicida que ni me inmuto. Vaya mierda de criminal, pensaréis. Sí, es cierto, soy incapaz de convertirme en una asesina en serie. Pero nunca lo he querido tampoco, así que mejor. Moriré las veces que hagan falta, para que alguien se dé cuenta de que a veces hace falta morir para saber vivir del todo.

Inicio

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Volver al inicio, no significa echarse atrás.

Podemos siempre coger sorbos de vida e ir tirando. Uno tras otro. Sobrevivir a veces de otras historias. Contarnos a nosotros mismos que debemos mejorar, aunque no sea ahora. Convencernos de que siendo nosotros mismos nadie nos ganará, por lo tanto cualquiera que diga lo que tenemos que hacer se equivocará en esa parte. Somos jóvenes y es normal que tengamos ganas de comernos el mundo. O quizá un poco de mala digestión por lo ya ingerido. Es amargo a veces probar cosas que creíamos correctas en un principio y luego ver que acaban siendo falsas aparte de equivocadas. Ese gusto lo quitamos con otros momentos, así que tampoco pasa nada. En pleno subidón cerramos los ojos y nos dejamos llevar. Y eso nadie nos ha enseñado. En la cima es fácil tambalearse y caer. Mientras se sepa mantenerse en pie donde sea, sin sentir vértigo de estar abajo, no pasa nada. Apostar por nosotros aun teniendo todo lo demás en contra, a veces es lo único que nos ayuda a ganar. Borrar el cinismo de otros de nuestra mente. Seguir con objetivos claros o no tan claros, pero seguir. Estancarse es demasiado fácil.

Y que esto no suene a ti.

Espera

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"Bajé la mirada, como si de una demostración de cansancio se tratara, llevé mi cigarro a la boca. Ya ni me acordaba de la última vez que había fumado, sé que había sido hace mucho, al menos cuando aún creía en el amor. Resoplé al ver que llegaba tarde o que quizá mi reloj estuviera adelantado, recé para que fuera la segunda alternativa. Fumé con prisa, uno, dos... quizá hasta cuatro cigarrillos, no tuve tiempo de contarlos. Sentía miedo de que no viniera, de que toda aquella historia que podía pasar no pasara de mi mente. Apareció a lo lejos con un traje gris algo manchado, con una cara de niño cuando quiere algo y con una excusa en la boca. Le dije que a las damas no se les hace esperar, se disculpó como unas cien veces antes de entrar al restaurante, le dije que no pasaba nada. Me preguntó cuanto rato llebaba allí le mentí quitando unos diez minutos, suspiró fuerte como si estuviera más tranquilo al escucharlo. Ni quise saber por qué llegaba tarde, ni el por qué de la mancha en el traje. Nunca le había visto tan guapo, quizá fuera aquella noche, un algo especial o quizá fuera el traje. No lo sé, sólo sé que las miles de palabras que intercambiamos no me importaron demasiado. No dejaba de mirarle a los ojos…hasta que se dio cuenta apartó la mirada y sonrió. Propuso que le acompañara al cuarto de baño, al principio dudé, al fin y al cabo, acompañar a un señor al cuarto de baño no es de buenas señoritas. No esperó que la puerta se abriera, ni siquiera le importó si había alguien o no. Puso la mano en mi cintura, noté sus labios y los míos como entrelazados, un escalofrío por todo el cuerpo y la sensación de que aquel beso mediría el resto de los besos de mi vida."

13 de abril de 2008

Que poco he cambiado en un año.

Stay young

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Tengo la excusa perfecta para decirte que te echo de menos, y también que ya no te  necesito. A todos se nos cae el mito. Tengo la excusa perfecta para ponerme a llorar, pero no quiero convertir en negro lo que ya es gris de por sí. Debería estar airada, rabiosa, y odiarte un poco. Pero no lo hago, duermo las horas y no respiro porqués. No quise cambiar nuestros momentos, y hoy son mis sentimientos los que no valen de nada, ni siquiera de trapo para emendar mi voz cuando no consigo pronunciar palabra. Tengo la excusa perfecta para no verte más, para que te conviertas en mi sonrisa amarga, sólo en mi sonrisa amarga. La excusa perfecta para hacerme la fuerte, o para todo lo contrario, no sé. Dejar de llamarte mío, cuando nunca lo he hecho. Perfecto pretexto para dejar de soñar(te) y sumergirme en otras palabras. Justo motivo para no buscar ninguna salida. Si al final no digo nada, o siempre digo lo mismo. Causa adiente para borrar la palabra incapaz. Y las calles seguirán borrosas, al menos mientras no deje de llover, y yo tengo la excusa perfecta para no decir nada al cielo y que la lluvia se lleve mis dudas.



Inefable

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Anteojos de poca monda, cazadora de cuero vieja, pantalones rotos en la parte de abajo. La cara de niño, de la que intentó deshacerse unas cuantas veces dejándose barba o bigote, que de poco servían. Era de esas personas a las que nunca le quedará bien un poco de pelo en la cara. Llevaba algo de perilla aquella vez. No se molestó en soltarme el típico rollo que soltaba cuando nos encontrábamos. Nos conocíamos desde pequeños y parecía mentira que fuera el mismo. Con él aposté quien aguantaba más tiempo sin decir ni una sola mentira, aunque aquello tuviera sus consecuencias, ganó él como no. Y creo que sigue con la apuesta hasta hoy. Nunca he le escuchado decir algo falso. Y siempre me dio miedo que pudiera hacer eso. Todos mentimos, por el motivo que sea lo hacemos, pero él no. Sabes que alguien es jodidamente especial cuando lo tienes delante y aunque apenas hable te transmite algo más. Era la persona más inefable que había conocido en mi vida, por no decir la única. El único capaz de no mentirme, y de hacerme quererle una y otra vez de la misma manera. Siempre nos acercábamos lo suficiente para dejar claro que no éramos sólo amigos y nos separábamos lo suficiente también para dejar claro que no había nada más. Es el único al que no he podido describir aún, no he podido hablar de él sin sentir un vacío, como si estuviera sacando de dentro mío algo totalmente nuestro. Como si nadie más tuviera que saber cuán especial es. Nos complementábamos de una u otra manera. Siempre fueron nuestras sonrisas por encima de todo. Y creo que sí, alguna vez pasamos por encima de alguien, pero no era propio de nosotros mirar atrás. Y no sé bien qué sentir.

-“Your skin make me cry”
-”You're so fucking special.”

Menos mal, nada funcionaría mejor, frases sueltas de una canción que siempre nos ha marcado. Me hizo sonreír. Y sí, te das cuenta de que alguien es jodidamente especial cuando lo tienes delante tuyo y aunque apenas hable te transmite algo más. Estoy completamente segura.


Wash

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"Te sorprendería lo poco que han cambiado las cosas. Seguimos manteniendo la casa de la playa. A veces salgo con la bici a dar un paseo y a ver como sigue nuestra casa perdida. Y alguna de esas veces tengo la impresión que saldrás de algún rincón de la casa a asustarme, pero luego el viento golpeando las puertas me recuerda que no estás aquí. Ted sigue fumando sin parar, siempre le decimos que pare, que morirá de cáncer. Ya sabes lo tozudo que es. Nunca he entendido su afición por fumar, pero la verdad es que me da buenas fotografías. Jeremy me dice que te escriba más a menudo, ya que él no lo hace. Sigue vistiéndose de esa manera tan rara, y nunca combina nada. Pero estamos tan acostumbrados que dudo que algún día alguien le diga algo. Mery sigue con su intento de tocar la guitarra, fracasando cuerda tras cuerda, es gracioso verla. Se pone de los nervios y casi nos amenaza de muerte con cada intento fallido. Tan sonrojada como siempre, espero aque recuerdes sus mejillas pintadas. Estamos un poco más perdidos sin ti, falta el idiota de las bromas sueltas. Nuestras risas y esas cosas. Pero seguimos muy unidos, esperando que vuelvas y hayas cumplido tu sueño. Te esperamos como un rockstar, no te mereces menos. Interpol suena alto, pero me siguen sonando a un cover tuyo, aunque sepa que es al revés. Tus padres aún creen que te has ido sólo para estudiar. Ojalá acabes pronto la maldita carrera y vengas ya. O te vayas de gira olvidando esa vida que nunca has querido vivir, nunca te he entendido tampoco. Espero que te encuentres en medio de este camino, y ojalá no sea tarde. No me olvides. A veces no recuerdo bien tu rostro y me siento frustrada. Espero que te pase lo mismo y que te sientas mal por no recordarme. Te seguiré echando de menos y recordando tonterías, sobretodo cuando me acerco a la playa, ya sabes el mar siempre devuelve todo y sobretodo los recuerdos. Hace días que el sol no se asoma, no recuerdo un abril tan lluvioso. Lo recuerdo gris, y con llovizna. Pero no de esa manera, quizá sea también porque sea nuestro primer abril sin ti. Vamos juntos a la universidad, Ted se ha cambiado de coche. En el camino siempre estamos discutiendo por cualquier tontería. Nunca pensé que fueran tan fuertes, y los admiro. Con el tiempo voy aprendiendo a mantener el equilibrio, y perder mi vértigo sin ti. Nunca sabemos bien la importancia de alguien hasta que éste se va. Pero es tu sueño y nosotros no nos vamos a entrometer. En la universidad no me dejan pensar en nada más, y por eso aprovecho estas vacaciones para recordar y recordarte. Nunca pensé que se me daría tan bien mantener la cabeza ocupada diariamente de tantas materias. Me viene a la mente cuando nos prometimos ir a la misma facultad, cursar periodismo, y hasta compartir piso. Y de eso ya hace muchos años, pero me gusta recordarte la voz. Te sigo esperando."