"Escribo porque sino lo hago el aire me falta. Hay algo dentro de mí que me impulsa a hacerlo, algo que me quita un poco de vida si me niego. No lo hago para que nadie me entienda, ni para que busquen semejanzas con sus vidas. Escribo porque es lo que mejor hago, y aún así lo hago mal. Lo hago porque mis dedos han aprendido a escribir palabras que mi alma tenía olvidadas. Escribo para saber qué siento y cuál es mi estado de ánimo. No lo hago para que me elogien, ni para que subrayen mis frases. No lo hago para sentirme bien, pero sí porque sino lo hago me siento peor. Escribo porque sino en mi cabeza las frases me acribillan. Escribo intentando marcar una pauta, un antes, un después, mi estilo. Empecé a hacerlo porque me faltaba leer algo que me reflejara casi del todo. Intento escribir algo que de verdad me gustaría leer, por eso soy mi crítica número uno. Escribo cosas constantemente, aunque no siempre tengo tantas que decir. Escribo para aplazar el dolor, o para recordarlo. Para enamorarme. Sonreír. Olvidar. Lo hago porque la realidad suele desagradarme. Escribo para dejar sobre un papel los detalles que otros suelen olvidar. Lo hago para entenderme a mí misma, para sentirme menos incomprendida.

Escribo porque a mis canciones les falta un final.

Escribo para entender el significado de las palabras, aprender, lo hago para así algún día saber exactamente qué decir."

lost control

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El corazón se me encoge una y otra vez, y me da miedo. Demasiado silencio para que venga ese sonido ensordecedor de esa manera. La mayoría del tiempo a duras penas late con fuerza, pero en otras tengo la sensación de que desea escapar. Y no sé qué decirle ya. Es el maldito veneno, el que me induce a vivir. Todo lo contrario que en antaño. Ahora me coge por sorpresa, sin miedo, sin intención de hacer daño. Una y otra vez mi memoria borrosa, recordando cosas que pueden pasar. Y me estremezco por el poco control. Quién eres tú para quitarme tanto de mí en tan poco tiempo, para hacer que pierda el control, y sin ni siquiera molestarte. Quién eres tú para que mi mente te dé tanta importancia. O mejor dicho quién llegarás a ser.

rock

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El rock murió a tus pies, ante tus hechos y lleno de tus palabras. Lloró silencio noches seguidas, en las que por tus venas corría más que sangre. Y no te diste cuenta. Gritó a base de afonías agudas y no fuiste capaz de curarlo. Suplicó con el solo más profundo que te ha llegado a la piel. Esnifó cada una de tus quejas, sin replicar, sólo las retuvo con él durante el subidón. Y supo que su final estaba cerca en pleno directo, y en sus ojos nació la pena. Y con ella la voz en off que te rondó la cabeza hasta que la suprimiste con tragos. Se escondió intentando evitarlo, en lo más profundo de tu cabeza, por si eras capaz de olvidar y no matarlo. Pensando que algún día lo sacarías en forma de verso, de armonía, en forma del blues que pudo matar tus días. Murió solo, rodeado de gente que como tú sintió un vacío. Un vacío tardano que no pudo salvar, ni siquiera pudo entender. Murió en tus brazos, falto de la vida que prometiste dedicarle. Y ahora sin saber por qué te dedicas a escribir réquiems, llenos de miedo, y siempre sin finales, pero sigues echando en falta otro. Y él, él ni siquiera supo que murió por ti.

Ocaso

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Sol
El ocaso cae como una señal del fin. Las nubes se han vuelto casi rojas, y me abruman. Juegan con un rosa anaranjado que se niega a convertirse en sangre. Y ahora parecen haber caído en el olvido, pero es el viento quién las guía a saber qué horizontes. Y en la misma ventana, el color se apaga. Sólo las ramas, que pronto se convertirán en sombras, me recuerdan dónde estoy. Como cae la negrura en tan pocos momentos, y que pequeña me siento ahora. Nadie me dijo que el cielo era incapaz de hablar sin sus soles.

December

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Creo que sólo trago diciembre por su frío. Al menos sé que no será por su exceso de humanidad. Como se desiertan las calles, y no por eso se despiertan sus gentes. La rebelión de recuerdos mezclados, hechos un estrago. Un sol apagado, medio camino ya hecho, no será por sus regalos. Aunque es jodidamente fotogénico e ideal para la noche, es como si fuera eterna, ya me dirás qué tienen las noches. También inspira, y las letras brotan como rebozadas ya, en un charco de a saber qué decires. No calla, jamás calla. Y las campanas en su final, saben a querer más, y mejor. Y no sé cuánto habré perdonado a diciembre, pero siempre vuelve a caer.

That is awful beyond words.

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Siente el amargo sabor del silencio, seguido del más extraño desarraigo emocional sentido en pleno éxtasis. Con los pies sobre un mundo no humano, lleno de cosas desgraciadamente demasiado humanas como para dejar de ser reales. Un mundo plagado de viejos porqués que eclipsan los nuevos sin dejarlos tener lugar, sin nada , nada que suene a nuevo. Y llega la música, la verdadera, la que consigue que desprendas los pies del suelo por instantes, por toda la eternidad. Y suena tan fuerte que su mente le hace dudar, si alguna vez había sentido tan inmensidad. Y el corazón que late sin prejuicios, sin preocuparse, tan fuerte que parece que quiera tomar lugar en el ritmo. En sólo unos segundos la vuelta al mundo, a su mundo. La horizontal perfecta entre sus miedos y sus hazañas. La tristeza le recibe a latigazos, y en pocos instantes ni siquiera puede aguantarse la risa. La brevedad de sus sueños mezclada con la inmortalidad de esas notas. El desapego a cada una de sus pocas pertenencias y la despreocupación por todo lo que vendrá, antes de caer otra vez en el miedo a perder todo eso de lo que habla la canción, cuando apenas sabe si ya lo tiene o no. La mirada fría de una muerte que nunca disculpa, y al cambio de nota el calor del que quiere estar vivo. Y él quiere. Entiende que lo único que le ata del todo a esa humanidad es la música. El arte mejor resumido. El único capaz de matarte o darte la vida. Y se acaba, la vuelta al sosiego sin ninguna explicación, sólo un dolor en el pecho.

Ilusión

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Tu corazón puede latir a cierta velocidad constante, hasta que se acelera en pocos segundos por cualquier estupidez que tu cerebro no logra entender. Una sola señal que hace que un día nublado cambie y aparezca el arcoiris, sin ni siquiera necesidad de lluvia. Y los latidos que suenan a acordes repartidos en perfectos compases. Las obviedades del que no tiene nada que perder. Ilusionarse sin un fin, por si mismo, no para recordar sino para recordarse. El arte de creer y no controlar el significado de cada latido, y así descubrir, como si fuera algo totalmente nuevo, lo que esconde uno dentro. Lo que oculta a la luz de sus propios ojos, esa mentira disfrazada de miedo, y el saber lo que llega a doler sentirse solo. En esa ilusión que en fracción de segundos se convierte en un mundo, es la mano que invita a que te salves, que creas otra vez que volverás a sentirte así por alguna estupidez.

way

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Y yo que sé por qué hay tantos caminos, y parece que siempre esté de paso. Y es que hay más de mil destinos en cada esquina. Otras vidas que esperan, y cientos de destinos a los que debemos ignorar. Gritos, pedidos, dónde se supone que hay que empezar a mirar. Cruzo el río tras agua. Y esa estúpida sensación de culpabilidad por no haber crecido en los ochenta, que no hay besos que sepan calmar. Y no hay paz, ni tiroteo. Sólo voces que se omiten, que tiemblan por no creer. Y lo peor es que lo se escucha apenas dice nada. Ya estuve ahí, es más, estoy dispuesta a seguir, por eso siempre estoy de paso. Casi siempre cuando por alguien haces todo, te acabas convirtiendo en su escudo, ¿qué hay de todo lo demás? De todo lo que dicen apenas te das cuenta, y casi te engañan, si te fijas bien nunca es siempre. Por todo lo que crees, por lo jodidamente bonito que hace que creas, todo lo que hace que sigas, quizá hasta el fin. Recuerda que el cielo es sólo una promesa.

razón

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Que alguien detenga el amanecer o me haga dejar de querer convertirme en madrugadas.
No sé dónde perdí la razón, si es que alguna vez la he llevado encima, que cualquiera sepa encontrarla y que me la devuelva, antes de que me tachen de loca. Siento lástima por el suelo en el que piso y todo lo que vendrá después, y eso que ya me lo habían advertido. No sois dueños de la mitad de lo que creéis vuestro, y aún así hay demasiados dientes defendiendo el completo vacío. Y no sé porque soy justamente yo la que se cree propicia para reprochar a cientos lo que no escucha uno. Pero es que aún sin razón sé que no hay sentido en estamparse contra el muro como si fuera el único camino del laberinto. Que me devuelvan la razón, antes de que el reloj vuelque, se haga añicos y ya no pueda juntar la arena.

Hope

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¿Y quién era yo para negar que todo aquello ocurriera? Sólo era otro chico más, medio perdido y algo drogado un viernes por la noche. Y no tenía idea de cuánto me podía importar todo aquello. Era mi música, y mi musa. Ella al pie del escenario esperando que la noche acabara cuanto antes para poder echarme en cara que nunca estaba donde debía estar. Y creo que jamás deseé con tanta fuerza que la música no se detuviera. Pero es que no tenía ganas de nada, aunque creyera que estaba loco por ella. Todo me daba absolutamente igual, como cuando pierdes el rumbo y tienes un largo camino que hacer. Me sentía aturdido, y mi única fuerza era mi voz, pero la canción se acabaría y tenía que enfrentarme a ella. Bajé la vista y en sus ojos vi la verdad, y daba realmente igual que el resto del mundo fuera asqueroso, que al salir de allí nadie pudiera asegurarme que no recibiría un tiro en la nuca por no llevar dinero encima. El ser humano había dejado de importarme y me parecía realmente estúpido, cualquier insecto a su lado podía interesarme durante horas, pero no una palabra vacía. Pero ahí estaba ella, pese a los momentos malos que le había dedicado, a las horas en vano, a sus ruegos de que cambiara, pese a todo seguía allí, fue cuando entendí que lo que nos diferencia de otro animal es esa esperanza, esa fe en algún cambio aun teniendo todo en contra. Como si la magia de verdad existiera, respiramos los fracasos reservando aire por si viene la alegría. Y la canción se acabó, y sin esperar que abriera la boca, me fundí en ella, como nos fundimos en aquella noche.

She

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[…]Supe entonces que no había nada que fuera incapaz de hacer. Que mis años salteando las minas no habían ayudado en nada, y seguía tan llena de miedo que a veces aún dudaba qué me había llevado allí. Comprendí que mi corazón seguía latiendo debido a los momentos que no había desperdiciado. Pero era tan complicado seguir creyendo, después de tanto, lo que había luchado y lo que me quedaba por luchar. Y era mi propio cuerpo el que me contradecía, el polo opuesto a mis ganas de seguir viviendo. Durante semanas no hice más que mirar el techo completamente blanco del hospital, y la habitación, que se había convertido en sólo mía con el paso de los meses, marcos de fotos incluidos. Quizá creeréis que ya se me había ido la olla con tantos fármacos, o por el hecho de que me pasara más de la mitad del día medio drogada, pero fue allí que la vi. Vi mi propia muerte. Y se acercó como un jodido secreto, no había dolor en sus ojos, ni pena, pero tampoco se alegraba de verme. Me heló tanto la sangre que tuve miedo de haber parado de respirar, pero no, seguía allí, frente a ella. En un duelo inútil, en un pulso que antes de empezar ya elige ganador. Seguía incrédula y sin palabras. Vi en sus ojos todo lo que me perdería, y vi un mundo totalmente gris, la gente ya no creía en la palabra de nadie, las mofas sobre terrorismo en otra parte del mundo se habían incrementado, los políticos ya no se molestaban en maquillar la verdad simplemente la suprimían, y nadie hacía nada porque aquel era el pan de cada día. Me perdía un mundo sin chispa, ni flama, ni nada parecido. Sin ley. Y aún sin mediar palabra supe que no había nada que fuera incapaz de hacer. Entonces ella se fue. Mis dos semanas siguientes fueron sin duda lo más extraño que he podido vivir. Distinguía perfectamente quienes serían capaces de cambiar todo aquello, y quienes desde que habían nacido habían sido pura fachada. Pero no tenía voz, y no sabía cómo decirlo. Esperaba que en cualquier momento llegara, y que me dijera que había llegado el momento, que mi papel en la función no tenía un final predeterminado, y por eso salía de la obra por la puerta de atrás. Eso era lo único que sentía, no haberme curado antes, aunque había curado mi espíritu, entendí lo enferma que estaba mi mente, la gravedad de mis pensamientos, las lanzas que dispara en forma de palabras. Había entrado para curar mi cuerpo y había curado mi mente, me sentía llena, totalmente, sabía quién era y lo que era capaz de hacer por mis propios méritos, y eso llena cualquier vacio, por enorme que sea, elimina cualquier tristeza por eterna que parezca. Pero ella jamás volvió, hasta hoy.

Calma

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Hoy no tengo la intención de contarte mis penas, ni siquiera de decirte qué siento después de tanta tormenta. Llega el equilibrio buscado. Tarde o temprano, no quieres un sol de estrago tampoco una tormenta de las que marcan época. Quieres simplemente que llegue el otoño, y sus tardes, oh sus tardes. Que llegue con este sol que apenas te deja pensar, sol ante el cual deseas compañía, pero no la necesitas. Este sol que lo deja todo con un color naranja. Y las hojas marrones balanceándose como si fuera sólo por tus pasos. Se supone que es ese el equilibrio del cual me hablabas. Por el cual llegó la tormenta. Y cuando creo estar en él, justamente ahí dejas de importarme y todo me parece irónico. Como si me dijeras que te esperara en un sitio, y en el camino hasta él las hubiera pasado gordas, y ahora que llego no estás, y lo peor de todo es que sabías des del principio que nunca estarías.

Domingo

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Jude se despertó temprano, apenas pudo avistar en el reloj las seis de la mañana. Cada domingo la historia se repetía. Ella ni siquiera intentaba controlarlo. Algo le despertaba a gritos, al principio no supo qué y luego entendió que algo en su interior. Todo porque él dijo un maldito domingo. Y no volvió. Como si te preparan para recibir una gran hostia, y lo sabes, y vas aprendiendo como inhibir el dolor, o como hacer que la mejilla dejara de doler antes. Todo eso durante mucho tiempo y de golpe te la dan, y te das cuenta de que no sirve, ni que te avisen antes, ni que estés preparada. En el fondo esperas que no te la den, esperas nunca ver como una mano se acerca a tu mejilla, sin piedad sólo con fuerza. Y maldices los principios que empiezan mal y que llevan al buen final. Si acaba que más da que sea mal o bien, acabará y como una buena hostia al final te dejará de doler. Pero él le dijo que se verían el domingo. Ella dice a todos que ya no le espera, pero para sí misma recuerda que aún quedan muchos domingos. Y aunque le duela, le mantiene viva, le mantiene despierta que pueda volver un domingo. Y cada domingo se repite el mismo ritual, y no se queja jamás, se arregla y arregla la casa para él. Y es cuando se siente más guapa, y más viva. Pone su música, Led Zeppelin nunca había sonado tan melancólico. Cuando suena Rain song, es incapaz de mantenerse en pie, y cae rendida sobre el sofá. No es ella la que actúa, sino su parte luchadora, la que le acribilla la mente con la voz de él nada más despertarse, la que sigue protegiendo la chispa con una cortina muy fina, que el aire empieza a apartar. Es esa parte la que se derrumba. La que vuelve a prometer que ése es su último domingo.

Coartada

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Hace mucho tiempo que salgo de casa sin ninguna coartada, y con los bolsillos vacíos de pequeñas palabras. Salgo casi siempre sin tiempo, mirando de un lado a otro, como si tuviera qué esperar, o como si estuviera deseando volver. Y es que hay tanto que se pierde justamente ahí, en el punto al cual sabes que no volverás. Hay tanto que se disuelve nada más abrirse la puerta. He vuelvo aquí sin coartadas y sin tener cargada ninguna de mis defensas. He vuelto sin saber que mis pies se dirigían a mi terrible perdición, la de no hablar jamás en público de algo que pudiera dejarme sin voz. Y es que en estos últimos tiempos he intentado no pisar campos minados, y he evitado sacarte a la luz. Así en penumbra es más fácil que mi cuerpo se acostumbre a todo eso, que no sienta escalofríos al escalar tu nombre, y así aborrezca las veces que he tenido que convencerme a no pensar en ti. Pero que más da. Es bonito llegar aquí y tener todo eso que perder. Me he vuelto a atragantar, no soporto más esa manera de recordar. Que no salgan las palabras, que me tiemble la vista y apenas ser capaz dar sentencia. Demasiado débil para rendirme, y demasiado fuerte para perder. Hoy he vuelto a salir sin coartada.

Now

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De lo que de verdad tengo miedo, es de que vuelvas aquí y reclames tu parte en mi mente, y lo terriblemente vacía que me sentiría entonces. Miedo de que vuelvas y me recuerdes que mis latidos no siempre fueron en vano, de que trastoques cada recuerdo de pegatina. Miedo de que te creas invencible y te creas una orden en mí. De que vuelvas como quién vuelve en navidad esperando que la casa esté caliente y la cena hecha. De que recorras cada rincón del hogar esperando encontrar todo lo que dejaste en su sitio. Miedo de que creas que el “siempre” durará. De de que susurres cosas que ya no entiendo. De que des por hecho que estoy hecha para algo así. Miedo de tus palabras y aún más de tus silencios. Porque contigo no quiero guerra, ni quiero paz. Ni quiero levantarme cada día a tu lado sintiendo que eso es lo que quiero para el resto de mis días. No quiero llamarte cada día durante horas, ni tener siempre de qué hablar. No quiero ir siempre cogida de la mano, hace tiempo que aprendí a caminar sola. No quiero nada de eso, pero creo que te quiero aquí, conmigo, al menos un rato, al menos hoy. Y que decidamos entonces qué riendas toma la historia, cuántos obstáculos por pasar, o cuánto dura un sentimiento sin fecha de caducidad.

Creer

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He querido tocar el cielo, sentirlo lejos y bajar despacio. Sin haber salido siquiera, sé que ha dejado de llover, el sentimiento pervive en la mente y el resto es historia, y a veces escoria. Lo aprendido no siempre es lo vivido, sino también lo imaginado. Volveré a golpearte despacio y esta vez aprenderé a llamar sin timbre. Siéntete como un perro guardián de tus miedos, aún sabiendo que algún día los perderás. Todo esto me recuerda a algo y no sé bien a qué, sólo sé que parece que esta vez voy en dirección contraria. He querido plantar el viento, plasmar el aire, salir corriendo o morir despacio. Las partidas no se juegan, se viven. He volcado los recuerdos hasta el punto de no saber dónde va nada. Y se habla de la magia sin ni siquiera saber por qué. Yo te lo digo, se ansía el arte en propia piel, pero siempre se descuida serlo, y para serlo hay que creer.

No future

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Me desperté aturdida en el suelo de mi habitación, al lado de la puerta. Tardé como cinco minutos en poder moverme bien, todo estaba borroso. Sentía que ni respiraba. El suelo estaba completamente helado y aún llevaba puesta la chaqueta, los pantalones medios desabrochados y los zapatos de la noche anterior, seguramente ni me molesté en llegar a la cama, si es que he llegado aquí sola. Y en todo caso tampoco sé bien qué hice anoche. Cuando sientes un dolor antes de vivirlo, antes de que te queme la piel y todo eso ¿a quién se supone qué debes recurrir? Cómo explicas algo que aún no ha pasado pero que no deja de rondarte la cabeza, de estrujarte los pensamientos. Sin duda me desperté mucho peor de lo que había estado antes de irme dormir o de desmayarme en suelo. ¿Quién fue el maldito idiota qué dijo que mañana todo sería mejor? Éste no sabía de despedidas. Ni siquiera había salido nunca de sí mismo ¿cómo va a saberlo? Cuando una vez te has sentido así, tan pequeña, tan necesitada de alguien, luego es más fácil que algo te dañe. Que te lleguen muy hondo y que marque un territorio de nadie. Es cuando siempre parece que vaya a venir, y sin querer esa sonrisa se te clava en la cara, y parece que en cualquier momento vaya a venir y te vaya a abrazar. Que sentirás ese olor a mezcla de sudor y de colonia, mezcla de calor y de su olor. Parece que vayas a desaparecer en ese momento. Te preguntará si esperabas, y dirás que no, que estabas ahí sin saberlo, que siempre habías estado ahí sin tener la mínima idea de que en realidad estabas haciendo tiempo por si alguien se atrevía a asomar. Y te besa, te cierra los ojos y te hace un amor inacabado. Es cuando vuelves a casa con unos labios de resaca, irritados y con algo más de color, todo, exactamente todo sabe a echar de menos. Y es ahí cuando te meterías en cualquier lluvia, y hasta te atreverías a ganar batallas. Una vez te has sentido así, ya no hay excusas de mañanas mejores, ni de un futuro medio escogido, siempre vuelve la marea y tu pérdida de equilibrio. Todos en algún instante hemos sido fuertes y valientes, otras débiles y perdedores, pero siempre, siempre hemos tenido héroes. ¿Qué haces cuándo ese héroe se suicida delante tuyo? Rompe sus palabras, sus hazañas, sus principios y con ellos hace un final, de esos que callan. Y sí, se supone que deberías sentirte como un arcoiris después de la lluvia, pero te sientes terriblemente vacía, sin lluvias, ni arcoiris, ni recuerdos, ni días grises, ni soleados, sin besos, abrazos, palabras, principios y también sin finales, sin fin. Pero luego te levantas de ese suelo tan sucio, y te recoges a ti misma poco a poco, porque aunque no sabes por qué debes caminar, sabes que lo harás. Cierra los ojos, siéntete y camina. Como si por tu paso sonará todo a toda hostia el rock de tus mejores momentos, y amplia la sonrisa, porque la marea siempre vuelve y no la vamos a apartar. Supongo que fue eso lo que hice anoche, caminar y creerme una rockera, aunque no sabía que iba a perder el control. No voy a atacar a nadie con guitarras eléctricas, ni a lanzarme a que me cojan. Cuando mis piernas se coordinen del todo, me levantaré a tomarme un café de esos, que nunca sabrás que me gustan, y no sabrá a ayer, ni a nada que me traiga recuerdos.

V.O

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Pon mis sueños en versión original y dejarás de ver mi vida en silencio. A veces creo, sinceramente, que corremos hacía la nada, que el instinto es bastante transversal, y que caminamos bajo lupa con los ojos vendados. El quizá es el nunca de los cobardes, el plato fuerte de quienes no tienen palabras, carne de pura mentira o el eterno ámbar. No quiero detener el tiempo, ni escuchar lamentos por todo lo bailado. Dejas un resquicio en tu mente, y así es fácil que todo se vuelva tempestad. Hay días en que creo que lo he soñado todo, que la realidad es paralela a mi mentira, y que sólo ahora sabré qué pasa ahí dentro. No sé si no tengo subtitulos o si soy mala guionista, pero no se me entiende a la primera de cambio. Lo único que temo es que mis sentimientos siempre parezcan recién hechos, y no te los tomes enserio. No me voy a rendir si aún no sé luchar, no es que tenga nada en contra de quienes se echan atrás, pero no me gusta el quizá. No me voy a romper por cada beso dado al aire ni por cosas que no llego a entender, quizá lo haga cuando ya no pueda salvarme. Es hora de que sientas cada plato roto, de que camines sin camino, de que te vayas y vuelvas sin que me haya enterado. Da paso a las palabras, y cierra ya el maldito paréntesis. Respira hondo rompehadas, que el desenlace te puede no gustar.

de menos

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Sucede que te echo de menos, y creo que lo hago desde la primera vez que me tocaste. Y sé que te echaré de menos siempre, aunque siempre es demasiado, hasta cuando me olvides seguiré echándote de menos, aunque no lo entienda ni lo recuerde. Lo haré hasta que este sol se derrita del todo. Lo seguiré haciendo más allá de mi posibilidad de querer, a ti o a quién sea. Pero no sólo te echo de menos a ti, aunque te dedique esta parte, ¿ves cómo te echo de menos? Quiero decir que creo que echo de menos a todas las sensaciones que he vivido alguna vez, y quizá sí sea una locura, pero es tan jodidamente bonito que me hace ponerme tierna, o será que hoy llueve y estoy sincera. Pero es eso, echo de menos a todo cuanto puedo hacerlo. Y estoy casi anestesiada porque creo que alguien también me echa de menos, y me da igual que no seas tú, necesito que lo hagan ahora y estoy terriblemente segura de que lo hacen. Aunque no me lo diga, esas cosas se saben, como sabrás algún día que lo hago por ti, y entenderás esa sensación. Echo de menos una de esas sonrisas o un beso de esos, y que se me quite la tontería de golpe, que me plante los pies en la tierra cuando podría estar lejos de ella, que los mantenga tan aferrados que apenas pueda darme cuenta de que no lo hago por misma. Aunque cuando lo diga así suene absurdo, absurdo del todo sería no hacerlo.

Debo

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Amanecer en la cama de Pete, o seguir sin dormir en la habitación de Jimmy. Cantar muy fuerte todas las letras perdidas que haya dejado cualquiera de ellos por el suelo, aunque no me sepa el ritmo, aunque no pronuncie bien en inglés. Y no hay nada que pague una de esas sonrisas, ahora lo entiendo. Estar completamente dispuesta a lanzarte porque sí, porque parece que esta vez sí tenga sentido. Jimmy no decía esto en sus letras, y Pete lleva tanta mierda en las venas que dudo que siga sintiendo. Por eso intento describirlo, para luego entenderlo, o para nunca olvidarlo, aunque siempre lo olvidas y esto se queda en polvo. Las palabras eligen momentos inoportunos, siempre lo hacen. Ah, y me clavas la mirada, y vuelves a callarte. El reloj deja de quejarse y estamos uno frente al otro, otra vez. Y mis piernas me fallan, y le echo la culpa al alcohol, pero es puro vértigo. Vértigo de quién soy. Cuando te han explicado el final del cuento, es más difícil vivirlo con intensidad. Pero haré lo posible, de verdad que lo haré, aunque tenga que intercambiarme las venas con Pete, o hacer que Jimmy vuelva a escribirme. Volveré a creer, en mí, o en ti. Volveré al principio cuantas veces hagan falta, para volverte a encontrar, tan jodidamente encantador. Tampoco es culpa mía dar tantos pasos en falso. No quiero que el siguiente a acercarse a mí tenga, también, una crisis de identidad. Debo de tener los ojos más falsos del mundo, mi boca debe de rebosar mentiras, debo de ser demasiado bajita y no puedo seguir el ritmo de tus zancadas, mis manos deben de equivocarse siempre de sitio, debo de pintarme demasiado y luego nunca me encuentras, debo de hablar demasiado y creo que también controlo demasiado el tiempo. Supongo que debo de ser demasiado repelente, o me creo invencible. Supongo que debe de ser algo de eso, sino creo que no lo entiendo.

Vértigo

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Creo que estuve demasiado tiempo observando como te crecía la nariz al decir mentiras, estuve demasiado tiempo calculando el porqué de tus pasos, o el porqué de tus paradas. Todos los poetas muertos debieron hablar de este silencio, el que muerde despacio a cada movimiento que doy. Debieron plasmar y odiar cómo el adiós es tan difícil de describir. Como yo ahora, aunque no sea poeta. Observé cada zancada que dabas sin mirar a ningún lado. Ahora estoy tan lejos del final, como del principio y me arde la piel cada vez que te nombro. No hay huellas en ninguna parte, es como si no hubieses estado. Y sí, respectivamente, estuve demasiado rato queriendo que cometieras cualquier delito. Y me provoca catarsis tu niebla en mi mente. Calculé mal el espacio y el tiempo. Me preocupé tanto de que no me mintieras que no me molesté en decirte ninguna verdad. Me da vértigo volver a pisar el suelo. Sé de un silencio que no deseo, sé de tristezas infinitas que sólo son entendidas por mentirosos como tú. Pero no sé del tiempo, y me equivoco al saltar. Al intentar nombrar cualquier cosa que siento por dentro. Son sólo latidos los que intento ignorar. De nada sirve esa niebla.

Calor

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No soporto el calor, me da la impresión de que todo está a punto de derretirse. Oh dios, las mentes deberían derretirse, ¿no crees? Esa sensación de que todo pesa al hablar, las palabras sí deberían fundirse, como el chocolate y todo eso. Sobre todo las que vienen con un aire gélido. ¿De verdad pretenden sobrevivir? Quiero decir, la gente las suelta como si nada, para herir, para clavarlas en alguien que esté distraído, pero la mayoría de ellas no llegan a su fin. Eso es lo único bueno del calor, que te das cuenta que no tiene sentido aquello. El calor me sabe a juventud, a inicios, nunca a final, y me gustan los finales. ¿Crees qué deberíamos ser jóvenes para siempre?

Again

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Caemos, y caemos. A veces creo que sólo vivimos para ello. Siempre estamos a punto de hacerlo. Cuando nos decepcionan es como si cayéramos a la velocidad de la luz, que por cierto si no sabías es tres por diez a la ocho, no deberías olvidarlo por si te encuentras cayendo a esa velocidad al vacío, podías intentar calcular alguna manera de frenarte. Nos caemos de una nube a otra con cualquier cambio de sentimiento, a veces más dura que la anterior. Aún no he encontrado la fórmula para escalar las nubes y dejar de tanta tontería, en todo caso te avisaría. También nos caemos por tropiezos estúpidos, por no mirar al suelo, y tener la cabeza continuadamente levantada, como nos hiciera falta siempre. Tropezamos y a veces ni siquiera somos capaces de reírnos de nosotros mismos, sólo de sentir vergüenza por haberlo hecho. Todos caemos, tarde o temprano, a más o a menos intensidad. Es normal, como también es normal que reaccionemos así cuando vemos que hemos calculado mal, y que nada de aquello tenía sentido. Cualesquiera de ellos que se atreven a reírse por tu paso en falso deberían callarse y mirarse los pies y se darían cuenta de por dónde han pasado.

Deber

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Me jugué la vida entera a cien millones de besos, que al final nunca los tuve así que sigo viviendo. Me escribí en la frente que el día que fuera capaz de despedirme de alguien el cielo se caería a trozos, así que el cielo sigue en su sitio, y lo otro es más que obvio. Aposté por cada centímetro de mis miedos, uno a uno, creí que ellos era suficientemente grandes como para hacerme ganar la vida. De un día a otro todo menguó. El sol despareció dejándome en bragas. La noche se negó a acurrucarme esta vez. Y ningún hombre lobo me cantó nanas. Caminé por caminos con señales en distintas direcciones, buscando a alguien que pudiera hacerme volver a creer. En lo que fuera, sino seguiría en paños menores mientras los demás se abrigaban hasta el cuello. No pareció dar fruto alguno durante décadas. Décadas de esas que sólo ocurren en tu cabeza. Que de un día a otro has crecido cien años. Y te pesa el alma, y te pesa partes que creías olvidadas. Recuerdas que tienes un corazón que se niega a latir a contrarembolso. Y sabes entonces que quizá no brille nada nunca más, y te acostumbras a cegar las flores para que no puedan verte de esa manera. Te acostumbras a oler siempre a mar, o a martes. Te habitúas a enseñar siempre las bragas y te olvidas del miedo a repetir modelito. Te acostumbras a ser quién eres sin más, sin abrigos ni tonterías prefabricadas. Eres un ser que rinde homenaje a sus sentimientos. Cuando esos mueren congelados a temperatura ambiente. Eres cada gota de lagrima enlatada que se niega a salir. Y por dentro todo se niega a morir, cuando por fuera todo lo demás ansía seguir viviendo. Recuérdame como la piel de un adiós fiado. Sino recuerdas bien el jugarse tanto acomoda los miedos y esos se vuelven enormes, pero son tan jodidamente pequeños que te siguen doliendo, y lo peor que siguen haciendo que pidas besos prestados.

Conocer

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Nos conocemos del tiempo. De todas esas cosas que rondan tu cabeza. Y no hay sentido en mentirte ya que también estoy en ella. Si me conoces más de lo que puedo expresar, y también absorbes cada vez más. Nos conocemos de la oscuridad, del caer sin aviso previo. De esas cosas que nunca se dicen. Nos conocíamos antes, y no nos desconoceremos después. Es simple evocarlo. De la misma manera que todas las reglas se rompen, y excepciones tienen las que se cumplen, estamos hechos para comprender sin dominar, entendernos. Conoces de sobras mis ojos, y lo que siempre te intento ocultar. Nos sabemos los trucos y que esa magia es pura fachada.

Mil veces

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Escribirte mil veces lo que guardan mis retinas. Intentar retenerte en mi piel como nunca lo hubiera hecho ninguna. Detener la huida del tiempo y convertirme en el blanco de un sinrazón. Que ésta sólo sea mi noche, la noche más larga y más corta de mi vida. La única que puedo compartir del todo y la única en la que realmente deseo estar sola. Encontrarme con mi yo veinteañera, con una sonrisa guardada y el miedo a los viejos conocidos. Sabiendas del todo que no sirvió de nada convencerme para que me convirtiera en alguna de tus madrugadas. Que me suenes a rock en las venas, que me sepas a poco aunque siempre que pueda aumente la dosis. Que te pierdas las noches, y no tengas reparo a convertirme en verdad. Y esa noche olvidaré que a veces me siento como un día sin sal, un espejo que ansía enseñar cualquier otra realidad. Mi rojo perdió la inspiración y se niega a explicar que me sabes a tiempo encontrado. Hay cosas que sólo pasan si te atreves, quiero decir, que no vienen a ti de la nada, como un espíritu divino que te ha escogido como el afortunado del turno, y a esas les solemos tener miedo. No quiero sucumbirme ante el miedo, y por eso esta noche me atreveré a escribirte mil veces lo que esconden mis retinas.

Una por..

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Una calada más por tus recuerdos, o por cómo han llegado hasta aquí. Por uno de tus besos o por cada vez que te giras sin más. Una calada por todas las veces que has dicho mi nombre en tu mente, por todas y cada una de las repeticiones vespertinas que decían que nunca aprenderíamos a sonreír. Que el humo no se lleve mis palabras. Otra por mis idas de olla. Una que me haga olvidar que anoche bebí hasta casi olvidarte. Por los solos que ruge la guitarra. Una de esas largas para que me tengas en cuenta, siempre. Una por tus principios, otra por mi final. Una calada por tus orígenes y como siempre han querido escucharte. Alguna entre mi luna y tu sol, por cualquiera que lleve mi sangre. Una por la jodida noche y su ocasión. Otra para que vuelva a ocurrir. Alguna que otra por aquella vez que perdí tu piel, o por cuando nos arrestaron por saber demasiado del tiempo y querer timarle. Si quieres también por mis silenciosas regañas en otro idioma. O por todo lo que callé. Las que quieras mientras no haya amanecido, que sepas que no me gusta fumar y que prefiero otro vicio.

Componerte

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Componerte quizá mis recuerdos. Componerte quizá nuestro tiempo guardado. Expresar realmente lo que dice cada uno de mis latidos. Que sepas, entonces, que lo único que nos rompe es el silencio. ¿Cómo lo hace cualquiera que quiera componerlo? El sin fin nos barra, porque no hay sin. El que quiera escuchar lo que no me atrevo a decir lo tiene claro. No sé como explicar que ahora te compongo a ti, y que quizá sólo me frene la certeza de que te reconoces. Hay quien desgarra palabras a doquier, yo las guardo, las unto de mi manera de ser, para que algún día de esos cuando salgan sepan hacia dónde apuntar. A quién llegar, y a quién no. Por eso compongo así, esto no es para todos, es para el que sepa entender más allá de un final. Puedo querer componer hoy, lo mismo que antes cientos han intentado, sin su audacia, inteligencia o descaro, pero lo hago sólo con sentimiento. Te compongo más allá de éste último punto, y créeme no es tan fácil decirlo. Y quizá algún día pueda componerte un adiós de esos que cierra el cielo.